jueves, 2 de julio de 2020

"El sol y sus flores"; Rupi Kaur

Levántate 
dijo la luna
y llego el nuevo día
el espectáculo debe continuar dijo el sol
la vida no se detiene para nadie
te arrastra de las piernas
tanto si quieres seguir adelante como si no
ése es el regalo
la vida te obligará a olvidar lo que los echas de menos
tu piel mudará hasta que no quede
ni una sola parte de tu cuerpo que hayan tocado
tus ojos por fin serán sólo tuyos
y no serán los ojos que los retuvieron
llegarás al final
de lo que es sólo el comienzo
vamos
abre la puerta a todo lo que viene



jueves, 18 de junio de 2020

"La helada"; Claudia Masin

Quien fue dañado lleva consigo ese daño,
como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar
sobre aquel que se acerque demasiado. Somos
inocentes ante esto, como es inocente una helada
cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío,
su necesidad de caer, había esperado
-formándose lentamente en el cielo,
en el centro de un silencio que no podemos concebir-
su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías
vivir con semejante peso sin ansiar la descarga,
aunque en ese rapto destroces la tierra,
las casas, las vidas que se sostienen, apacibles,
en el trabajo de mantener el mundo a salvo,
durante largas estaciones en las que el tiempo se divide
entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza
que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas las veces
que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse,
porque lo que nos damos los unos a los otros,
aún el terror o la tristeza,
viene del mismo deseo: curar y ser curados.




miércoles, 22 de abril de 2020

"Mas allá del despertar"; Jeff Foster

El mito de la elección


"Yo soy una persona que puede elegir".¡Esta es la raíz de toda confusión!

No existe, para empezar, ninguna elección. "Yo elijo" es una bonita historia, urdida por un narrador que se crea a si mismo eligiendo.

Pero en realidad, lo que sucede, sucede. La historia de la elección forma sencillamente parte de lo que sucede.

¿Por qué nos cuesta la vida llegar a ver esto?

No importa, porque "la vida" no es más que otra historia que emerge ahora mismo.


🔀


¡Qué liberación desembarazarse de la elección! Lo que sucede, sucede. Lo que sucederá, sucederá, y lo que ha sucedido no podría haber sucedido de ningún otro modo. "Podría haber sucedido de otro modo" no es, por tanto, más que otra historia, otra ilusión. La raíz de todo sufrimiento.

No existe ninguna elección, pero la vida sucede y, aunque indudablemente parezcamos elegir, "nosotros", en realidad, no tenemos, al respecto, ningún control. 

Por ello muchas enseñanzas espirituales hablan de la entrega a la vida, a Dios y a lo Desconocido. En la entrega, la decisión personal se colapsa y nos libera del peso de la volición.

Pero recuerda que "tu" no puedes rendirte. Y tampoco puedes decidir no elegir, porque ésa seguiría siendo otra elección.

Más allá de la elección y de la falta de elección, no hay más que esto, lo que está sucediendo en el presente. Yo no puedo elegir prepararme una taza de té, porque esta no sería más que una decisión aparente. ¿De dónde procede la idea de prepararme una taza de té? ¿No aflora acaso esa idea en mi cabeza? ¿A quién hay pues que atribuir esa responsabilidad?

¡Qué maravilla! La vida se despliega ahora y todo discurre exactamente como debe y en el mismo instante en que debe hacerlo. ¡Esa es la libertad!


                                                         🔀


La idea de la elección es la raíz misma de la violencia, de la separación, del narcisismo y, por tanto, del sufrimiento. La idea de elección implica la existencia de un individuo que está separado de la vida y que, de algún modo, al elegirla, crea su propia vida. ¡Qué violencia! ¿Cómo podría haberme separado de esto? ¿Quién soy yo para afirmar que tengo ese poder? ¡Qué egoísta es pensar siquiera en que puedo hacerlo!

¡Pero que maravilloso y excitante es creer en la elección, creer en que soy un individuo que puede cambiar el mundo y hacer que las cosas sucedan, tanto para mí como para los demás!

¡No neguemos, pues, la aparente elección! ¡Qué divertido parecer elegir ir al cine, leer cierto libro o dar un paseo por el parque! ¡El mundo no es sino un juego de aparentes elecciones!


                                                         🔀


¿Has elegido leer estas palabras o la lectura simplemente sucede?

Es cierto que puede aflorar el pensamiento de "Elijo leer este libro". Pero ¿a quién se le ocurre ese pensamiento?

¿Acaso puedes elegir pensar o no pensar en esto?




jueves, 5 de marzo de 2020

Apuntes sobre la proyección

Dentro de los mecanismos de defensa que describió Freud, está el de la proyección. Explicado de manera muy simple, cuando éste se activa se produce un desplazamiento hacia otra persona de un conflicto que no puedo aceptar como propio. Puede ser que el dilema trate tanto de atributos "positivos" como "negativos", da igual. Lo interesante acá es que aquello que resulta intratable para mi aparato psíquico, lo proyecto hacia un tercero como una forma económica de resolverlo. Es decir, al ver ese conflicto en un otro, "creo" que no está más en mi y que pasa a ser propiedad exclusiva de él.
Lógicamente, esto es inconsciente y de naturaleza acuosa. Se puede meter por cualquier hendija vincular sin que logremos siquiera advertirlo.
Entonces cuando sucede, puede resultar sumamente difícil no caer en conductas reactivas y en espirales interminables de palabras que, lejos de aclarar, suman confusión y desgaste. Casi sin darnos cuenta, podemos terminar hablando de lo que el otro dice que nos pasa, de lo que no ve, de cómo nos hace sentir, o de lo que fuere. Siempre subrayando la nota de que el conflicto está ahí afuera y que no es mi propiedad. 
Bajo premisas compatibles, Paul Ekman tomo la tragedia de Shakespeare  e introdujo el concepto de "error Otelo". Un poco la cuestión trata sobre los desaciertos en los que caemos cuando interpretamos las conductas y emociones de los demás desde la estrechez y lo incompleto de nuestra óptica. 
A modo de  puente puedo decir que cuando todo lo que veo valida lo que pienso, siempre es mucho más fácil liberar el proyector que todos llevamos dentro.
No obstante, también es un momento interesante para plantearse un par de cuestiones.
Por ejemplo, ¿realmente es todo como yo lo pienso, vivo y siento?
¿Realmente eso está pasando?

Personalmente me encantaría poder decir que no caigo en esa; que todo lo que proyectan sobre mi no tiene nada que ver conmigo.
También me encantaría poder decir que todo lo que proyecto sobre cualquier tercero está por demás chequeado y acertado. 
Agregaría incluso que si el otro no lo ve es justamente porque está demasiado fijo en sus ideas.
Finalmente, desearía que cualquier proyección -mía o ajena, para el caso es lo mismo- pudiera finalizar con un "eyyyy, no me vengas con esa y no me metas en tu película; si va a ser así, mejor andá a pedir laburo a Netflix".
De verdad me encantaría. 
Pero la negación es otro mecanismo de defensa y sabemos que la cosa no siempre puede funcionar así.
Porque en el fondo, nadie te mete en un lugar en el que no tengas nada que ver.

Si aflojamos un poco la armadura y abrimos el mapa, podemos ver que detrás de toda proyección se encuentra una mitología personal, vincular, familiar y social.
Con esto quiero decir que no es para nada azaroso lo que se proyecta sobre mí así como tampoco lo es lo que proyecto sobre los demás. Desde ambos lados, necesitamos algo que oficie de gancho para sacar hacia afuera nuestras partes no resueltas.
Por detrás de cada disfraz que nos tiramos, siempre aparece una coherencia sutil que elige el talle, el color y hasta el papel con el que se lo envuelve. 
Cuidado, esto no quiere decir que toda proyección sea verdadera en el sentido de que se corresponda con la realidad. 
Desde ya que no.
En algún punto, sostener eso sería demasiado simplista. Y aquel que lo asuma así puede pagar un costo demasiado elevado.
Lo que quiero plantear es que, si acaso tenemos la capacidad de ir un poco más allá de lo superficial, podemos ver parte del argumento que estamos representando como si se tratase de una obra de teatro.
Puesto que todas las proyecciones son hijas de su tiempo y de los vínculos dónde aparecen, puede ser una tarea interesante el tratar de descubrir el papel que nos esforzamos en representar.  
Quizás ese texto nos hable de que tenemos una sola manera de ver y hacer las cosas que inevitablemente va a hacerse añicos.
Quizás narra algo que salió mal hace mucho tiempo y que con amor ciego e infantil queremos arreglarlo. 
Quizás cuente que tenemos expectativas demasiado disociadas de la realidad. 
O ideales demasiado opresivos para nuestro día a día. 
La trama puede ir por cualquier lado.
Pero si queremos llegar a ese núcleo y ver aquello que anima esos relatos, precisamos salirnos del juego de las representaciones y entrar en otro espacio.
Lo que sería interesante poner en acto es un modo de fracturar amorosamente -no podía ser de otro modo- los hechizos que atan nuestros ojos a nuestro ombligo. De alguna manera necesitamos sentirnos habilitados e invitados para alzar la mirada hacia una dirección más amplia.
Bert Hellinger decía que en última instancia, el asunto trataba acerca de quien iba a pagar el precio por ver un poco más.
Si bien cuando hablaba de esto lo hacia en referencia a dinámicas mas complejas, personalmente creo que también eso aplica acá.
Naturalmente hay un precio por abrir el campo, y el de las proyecciones no es ajeno. 
No siempre es grato abrir los ojos hacia donde apunta cualquier luz.
Primero porque el movimiento inicial es asumir que los teníamos cerrados. 
Y segundo porque requiere inventar la propia y equilibrada dosis de valentía, humildad, dignidad, vulnerabilidad y vocación.
Cierto es que este movimiento no asegura que quedemos santos y salvos de cualquier proyección. Pero al menos abre la posibilidad que entremos desde otro lado, ojalá menos corrosivo e inconsciente. 

En última instancia, se trata sobre todo de suspender las ideas que tengo sobre la realidad, para que al verme dentro de ella pueda comprender como estoy observando lo que pasa.
La apuesta es entender un poco más de la profundidad que tienen esos juegos y verlos en una dimensión más completa dónde se reemplacen las acusaciones subjetivas por preguntas más inclusivas.
La invitación es a que reconozcamos esas dinámicas en su dimensión sistémica y a que encontremos una forma más creativa para apropiarnos, reincorporar y resolver ese conflicto dentro en nosotros mismos.
Que el otro pueda ser un legítimo otro y no la pantalla de nuestro cine particular.





viernes, 14 de febrero de 2020

Liz Greene acerca de qué significa expresar el sol

Audiencia: Estoy interesado, muy interesado en la gente como Mozart, quien pareció vivir el Sol realmente. Él creó en una pobreza horrenda. Esto me dice algo sobre la apuesta o el riesgo. Lo que creaba podría valer algo para los otros, pero a él no le valía cualquier cosa. 

Liz: Sí, es una apuesta. No hay ninguna garantía de aceptación colectiva. Cuando hacemos el esfuerzo de vivir el Sol, no podemos dar recompensas por sentado. No existe ninguna recompensa. Nosotros en ocasiones no podemos obtener la confirmación de lo que queremos. Su trabajo es apreciado. Como Apolo, podemos ser rechazados. Dafne prefirió hacerse un árbol de laurel antes que rendirse a los brazos del dios. No hay ninguna garantía que la luz será bien recibida. El Sol no brilla por el placer de una recompensa. 

Audiencia: Seguramente, si uno cree en sí mismo, el mundo externo le recompensará. 

Liz: Bien, esto parece realmente agradable cuando usted lo dice. Pero dar expresión al Sol con la suposición de una recompensa mundana es contradictorio con la propia naturaleza del Sol. Precisamente así no surte ningún efecto. ¿No puede ver usted la paradoja? El acto de devoción necesaria para el trabajo creativo requiere una renuncia al control, que significa, entre otras cosas, un abandono de la expectativa de que las golosinas vendrán luego. Se parece bastante a la devoción religiosa, y es quizás incluso idéntico. Hay un sacrificio implícito. Si acepta la esperanza de que Dios le recompensará, es equivalente a hacer un trato, entre el punto que le falta para completar la obra y la bondad de Dios. También, usted insinúa que la vida es siempre justa, y que los tipos buenos siempre ganan el premio. Esto pasa en películas de Walt Disney. Pero aquí sobre este planeta, los tipos buenos a veces pierden, y no es porque ellos no sean talentosos. También, la creencia en uno mismo no es siempre fácil de obtener. Es sumamente espantoso caminar con una pierna fuera y decir, voy a meter todo mi corazón y mi alma a este proyecto, o en este ideal, o en este camino de la vida. Inseguridades profundas y daños pueden hacerlo bastante imposible. Si esto es la contribución posible, de alguien puede o no poder ser recompensado. Uno no lo hace por la recompensa. Uno lo hace porque debe. La vida no fue justa para Mozart. Murió en la pobreza y fue enterrado en una fosa común. A nosotros se nos recompensó con su música. 

Audiencia: ¿Dónde estaría la música si él se hubiera rendido? 

Liz: Claro. Pero él no se rindió, porque él no vivía el Sol por la recompensa. La mayor parte de nosotros no somos Mozart, y no tenemos la capacidad de transcribir directamente la Música de las Esferas. Nos movemos pesadamente, solo tenemos un pequeño vislumbre de brillantez. Es más difícil creer en uno mismo cuando sólo se consigue vislumbrar obstáculos. Es más fácil si la música fluye por uno transcribiendo el alcance de la locura. No hay ningún valor en lloriquear: ¡siento vergüenza de mí! ¡Me he rendido!. Nos rendimos en algún punto, y luego tenemos que intentarlo otra vez. Es el proceso del Sol. Muchas veces en la vida, nos atemorizamos y traicionamos al Sol. Entonces nos reponemos, y la próxima vez quizás tengamos más coraje. El Sol siempre atenúa la oscuridad y lucha con la serpiente y luego se eleva otra vez. Desistir no es una declaración de cobardía o de fracaso. Pero necesitamos saber cuando y por qué hemos tenido bastante, y cuando tenemos que conservar nuestra energía o trabajo para curar algo hasta que estamos listos para intentarlo otra vez. Sólo si nos rendimos permanentemente podemos terminar en peores dificultades, porque entonces podemos estar abriendo la puerta a muchas clases de enfermedad, física o psicológica. Si nos rendimos prematuramente en la vida y nos rendimos para siempre, podemos pagar un precio terrible. Si permanecemos leales, podemos sufrir por ello, y nunca podemos conseguir el reconocimiento que merecemos. Pero tenemos que seguir intentándolo.




martes, 28 de enero de 2020

Nunca sabremos como eran las cosas

Te voy a contar lo que voy a hacer
Cada vez que este triste, voy a llorar
Cada vez que este enojado, voy a respirar
Cada vez que me aparezcan las ganas de llamarte o de escribirte, voy a cocinar budín de zanahoria
Cada vez que te extrañe, voy a recordar lo lindo que fue
Cada vez que me escribas, voy a hacerme el distraído o el desinteresado
(si... me sale fatal, ya te habrás dado cuenta)
Cada vez que lea un libro y tenga ganas de pasarte una partecita, voy a anotar tus iniciales en el margen
Cada vez que mire un mapa, voy a imaginar que estamos planeando un viaje 
Cada vez que escuche una canción que hable de vos, voy a tratar de memorizar la letra y de pensar como la cantarías
Cada vez que haga tostadas, voy a sospechar que estás dibujando en la mesa del living
Cada vez que vea algo y me den ganas de regalártelo, voy a fantasear con una sonrisa tuya
Cada vez que vea un tilo, voy a tratar de no pisar las ramitas del piso
Cada vez que pase por un lugar donde nos reímos, voy a suspirar tres veces
Cada vez que me encuentre con una foto tuya, voy a decir al aire "hola hermosísima"
Cada vez que no pueda dormir, me voy a poner las manos en el pecho imaginando que es tu corazón el que late
Cada vez que aparezca con velocidad algún reproche, sólo voy a frenar para decirte "muchas gracias".
Cada vez que me enmarañe en la ducha y quedes enredarda en una de mis discusiones imaginarias, sólo voy a cambiar tu nombre por el mío para que el agua se lleve la mufa.
Cada vez que me tome un fernet en el balcón, voy a brindar con la noche por tu magia.

Así hasta que pase
porque esto seguro va a pasar
(los dos bien lo sabemos)
pero mientras tanto
tengo que hacer todo eso
y un poquito más también.
Vaciar ese cielo y esa lluvia
para que luego
con el sol de alguna primavera
me sienta profundamente agradecido
por el hermoso jardín que dejaron tus manos.




lunes, 30 de diciembre de 2019

"Esa belleza"; John Berger

El deseo sexual, si es recíproco, origina un complot de dos personas que hacen frente al resto de los complots que hay en el mundo. Es una conspiración de dos.

El plan es ofrecer al otro un respiro ante el dolor del mundo. No la felicidad sino un descanso físico ante la enorme responsabilidad de los cuerpos hacia el dolor.

En todo deseo hay tanta compasión como apetito. Sea cual sea la proporción, las dos cosas se ensartan juntas. El deseo es inconcebible sin una herida. Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo.

El cuerpo humano realiza proezas, posee gracia, picardía, dignidad y otras muchas capacidades, pero también resulta intrínsecamente trágico como no lo es ningún cuerpo de animal (ningún animal está desnudo).

El deseo anhela proteger al cuerpo amado de la tragedia que encarna y, lo que es más, se cree capaz. La conspiración consiste en crear juntos un espacio, un lugar de exención, necesariamente temporal, de la herida incurable de la que es depositaria la carne. Ese lugar es el interior del otro cuerpo. La conspiración consiste en deslizarse al interior del otro, allí donde no se les pueda encontrar. El deseo es un intercambio de escondites (hablar de «volver al útero» es una vulgar simplificación).

Tocar una pierna con mano de amante. Que sea para excitar o para relajar no supone diferencia alguna. El tacto aspira a alcanzar, más allá del fémur, la tibia o el peroné, el propio corazón de la pierna, y el amante completo espera acompañar ese gesto y habitar en él. No hay altruismo en el deseo. Al principio están implicados dos cuerpos y la exención, siempre y cuando se logre, los protege a ambos. La exención es inevitablemente breve y, sin embargo, lo promete todo. La exención suprime la brevedad y con ella las penas asociadas a la angustia de lo efímero.

Ante la mirada de una tercera persona, el deseo es un breve paréntesis. Desde dentro, una inmanencia y una entrada en la plenitud. Normalmente la plenitud se considera una acumulación. El deseo revela que es un despojamiento: la plenitud de un silencio, de una oscuridad.



viernes, 27 de diciembre de 2019

Apuntes para una ecología vincular II

Compartir intimidad es un juego serio
Hacerlo desde el amor
Solo si hay amor
Y con quienes se traten con amor
Eso no habla de contratos, sino de disposiciones 
El amor como energía de base
Que abra el contexto hacia el juego, la responsabilidad, el entender, el acompañar y la sutileza
Que todo pueda ser transformado en un caricia 
Nada de romanticismo barato
Acá cobra relevancia la textura de la conexión
La creatividad antes que la calentura
El aporte antes que el desgaste, que el desagote 
Y no, no es que la parte instintiva y animal deba ser tachada, cancelada, borrada
Tan solo hablo de ponerla al servicio de algo más grande
Que compartir la intimidad sea toda una experiencia global
Que la piel sea un patio de juegos
Quedar adherido por la respiración 
Si pasa arriba, que pase abajo 




viernes, 13 de diciembre de 2019

"Me peleé a los gritos con el manager del Spa"; Carla Quevedo

SOS ESA SILLA PRECIOSA DE LOS AÑOS 60 QUE ENCONTRÉ EN EL EJERCITO DE SALVACIÓN

Te traje a casa
Te mostré mis libros y las tetas
Te leí algún que otro poema cursi

No me imaginé las termitas
Que te vaciaban por dentro
Hasta que quise apoyarme en vos

Lo barato sale caro
Se mira y no se toca
Acá nacen los etcéteras

Soldado lleno de heridas
Donde quise meter la mano
Crujidos de dolor.

Desde afuera no se notaba.




FRASES HECHAS O CÓMO SE SUPONE QUE EL “PODRÍA SER PEOR” SEA UNA FORMA DE CONSUELO

Al que madruga lo desvelan los recuerdos
Es mi comportamiento autodestructivo y me masturbo por teléfono con un ex que me hizo mierda y no veo hace seis años si quiero
No hay ataque de pánico que por angustia reprimida no venga
Depresión clínica mata galán
Dime con quien te masturbas y te diré qué carencia infantil tienes
Mejor mal acompañada que sola
Más vale autosabotaje en mano que cien posibilidades de rechazo en mano
Más vale fantasía conocida que realidad por conocer
Más vale que falte y no que llegue y no alcance
Lo que no te mata te hace ir a terapia 3 veces por semana
Roma no se hizo en un día y mi incapacidad de sostener relaciones sexuales satisfactorias con una pareja estable tampoco
Siempre que paró volvió a llover
A amor y fortuna, resistencia total.

Lo que sí, nadie es profeta en su tierra.




HOY ME TATUO (O BUSCANDO TU AMOR Y VALIDACIÓN)

Sigo practicando la brazada y la patada de crol
todavía no puedo dejar de ahogarme ni pego laburo
Soy infeliz y me muero de embole
La gente cree que soy graciosa e inteligente porque me río de mi misma
pero cuando digo yo, estoy hablando de ellos.

Mis amigas saben cómo ser felices
una dejó de ser amiga para convertirse en madre
otra se enamoró y se casó
otra simplemente sabe Cómo ser soltera*

A mí me cortaron de esa película.

Abro todas las puertas y nunca las atravieso
Abro mis mensajes de Instagram
Y TE ENCUENTRO A VOS

Me excito y por un minuto siento que la felicidad no siempre 
está un paso más allá casi siempre estoy triste deberías estar acá
ahora mi alegría necesita testigos.

Estuve intentando escribir este poema los últimos seis días
Todo lo que quiero es gustarte.


*Cómo ser soltera es el título de una megaproducción cinematográfica de la Warner en la que participó la autora pero en la que, en el corte final, fue excluida



viernes, 6 de diciembre de 2019

"Este mundo asqueroso"; Pema Chördön

Este mundo asqueroso, esta gente asquerosa, este gobierno asqueroso… todo es asqueroso… el tiempo es asqueroso… si, asqueroso, y bla bla bla. Estamos cabreados. Aquí hace demasiado calor. Aquí hace demasiado frío. No me gusta este olor. La persona sentada delante es demasiado alta. Y la que tengo al lado, demasiado gorda. Y esa otra lleva perfume y yo soy alérgica… y bueno… ¡Ag!
Es como caminar descalza por una arena ardiente y cegadora, o sobre cristales rotos, o por un campo lleno de pinchos. Tienes los pies descalzos y piensas: “Esto es demasiado duro. Me duele de verdad, es terrible, demasiado cortante, demasiado doloroso… demasiado caluroso”. Pero de repente se te ha ocurrido una gran idea. Allá adonde vayas, lo cubrirás todo de cuero. Así no te dolerían más los pies. 
Cubrirlo todo de cuero allá adonde vayas para evitar el dolor viene a ser como decir: “Voy a liberarme de ella, voy a liberarme de él. Voy a regular la temperatura, voy a prohibir el perfume en el mundo y entonces ya no habrá nada que moleste en ninguna parte. Voy a liberarme de lo que me molesta –incluidos los mosquitos- en todo el mundo, y entonces seré una persona feliz y satisfecha. 
[Pausa]
Sí, ahora nos reímos, pero es lo que hacemos. Así es como vemos las cosas. Pensamos que si pudiéramos librarnos de todo, o cubrirlo de cuero, desaparecería nuestro dolor. Bueno, sí, claro, porque entonces ya no nos dañaría los pies. Es lógico, ¿no? Pero no tiene ningún sentido, en realidad. Shantideva decía: “Si simplemente te envolvieras los pies de cuero..”. Dicho de otro modo, si te pusieras zapatos podrías andar sobre las arenas ardientes, los cristales y los pinchos, y no sentirías ninguna molestia. Así que la analogía es: si te trabajas la mente, en vez de intentar cambiarlo todo afuera, se te pasará el mal humor. 




miércoles, 4 de diciembre de 2019

"Breve Historia del Tiempo"; Stephen Hawking

Un conocido científico (algunos dicen que fue Bertrand Russell) daba una vez una conferencia sobre astronomía. En ella describía cómo la Tierra giraba alrededor del Sol y cómo éste, a su vez, giraba alrededor del centro de una vasta colección de estrellas conocida como nuestra galaxia. Al final de la charla, una simpática señora ya de edad se levantó y le dijo desde el fondo de la sala: «Lo que nos ha contado usted no son más que tonterías. El mundo es en realidad una plataforma plana sustentada por el caparazón de una tortuga gigante». El científico sonrió ampliamente antes de replicarle, « ¿y en qué se apoya la tortuga?». «Usted es muy inteligente, joven, muy inteligente -dijo la señora-. ¡Pero hay infinitas tortugas una debajo de otra!».
La mayor parte de la gente encontraría bastante ridícula la imagen de nuestro universo como una torre infinita de tortugas, pero, ¿en qué nos basamos para creer que lo conocemos mejor? ¿Qué sabemos acerca del universo, y cómo hemos llegado a saberlo. ¿De dónde surgió el universo, y a dónde va? ¿Tuvo el universo un principio, y, si así fue, que su cedió con anterioridad a él? ¿Cuál es la naturaleza del tiempo? ¿Llegará éste alguna vez a un final? Avances recientes de la física, posibles en parte gracias a fantásticas nuevas tecnologías, sugieren respuestas a algunas de estas preguntas que desde hace mucho tiempo nos preocupan. Algún día estas respuestas podrán parecernos tan obvias como el que la Tierra gire alrededor del Sol, o, quizás, tan ridículas como una torre de tortugas. Sólo el tiempo (cualquiera que sea su significado) lo dirá.



miércoles, 27 de noviembre de 2019

Apuntes para una ecología vincular

No hay que forzar, no
Hay que ir con el corazón atento
Volverse sutil de palabra, cuerpo y afecto
Ir liviano, como cualquier sonrisa al sol en una mañana de otoño
También centrado, siendo cada instante en el que se está

Es necesario invitar al otro a que acompañe lo que pueda y quiera
Simplemente invitar
Haciendo de la hospitalidad la bandera más preciada
Y  estar en paz con lo que suceda
(si es que podemos)

Para verlo necesitamos ir despacio
Ante la impunidad del fast foward
Y la fascinación por lo inmediato
La lentitud es capital subversivo

Se trata de ser flexible, pero sin perder la forma
De ser firme, pero sin ser rígido
De volvernos humildes y responsables, pero sin perder la alegría
Se trata de ser paradoja creativa

No olvidemos que somos principiantes en todo 







miércoles, 20 de noviembre de 2019

Maya Angelou sobre encajar

Moyers: ¿Siente que pertenece a algún lugar?
Angelou: Hasta ahora, no.
Moyers: ¿Siente que encaja con alguien?
Angelou: Cada vez más. Conmigo misma, quiero decir. De lo cual me siento muy orgullosa. Me preocupa sobre todo como miro a Maya. Me gusta mucho Maya. Me gusta el humor y la valentía. Y cuando me sorprendo actuando de un modo que no.. que no me satisface, entonces debo ocuparme de ello.




*En "Desafiando la tierra salvaje"; de Brené Brown

viernes, 15 de noviembre de 2019

Un fernet en el balcón

No alces la voz
Suspendé las pancartas
Deja a un lado los megáfonos
Guardá los micrófonos
Al menos por un rato
Y tomate una pausa

Contrario a lo que se piensa 
Vivimos en una época en la que hay que dejar de gritar
Nuestra tarea más urgente es aprender a susurrar.




miércoles, 13 de noviembre de 2019

I love this Oliver

Me gustan los paréntesis
las líneas punteadas
las lineas delgadas
y las paralelas.
Me gustan las cosas pequeñas
que significan
cosas grandes.
Me gusta el instante breve
que precede al amanecer.






viernes, 8 de noviembre de 2019

"Conjunto vacío"; Verónica Gerber Bicecci

Para olvidar a alguien hay que volverse extremadamente metódico. El desamor es una especie de enfermedad que solamente puede combatirse con rutina. Yo (Y) no lo sabía, lo descubrió mi instinto de supervivencia. Por eso empecé a buscarme actividades y a ponerles un horario. Me recostaba boca abajo sobre el gran tablón de madera toda la mañana y seguía el dibujo de una veta con un pincel lleno de pintura negra o blanca o gris. Dos o tres vetas por día, no más. Si intentaba pintar una cuarta me temblaba la mano y me salía de la raya. A veces tenía que usar un pincel de tres pelos, a veces una pequeña brochita. Era, sobre todo, un ejercicio de paciencia.
Mientras pintaba recordé a mi maestro de escultura del primer año de la carrera. Era japonés. Sus veinticinco años viviendo en México habían pasado en balde porque hablaba español como si acabara de llegar; es decir, casi no hablaba. Su mayor preocupación escultórica era que entendiéramos el ciclo de la vida. La primera clase nos llevó en metro a comprar cuatro gallinas a la Merced. En un bautizo pagano decidimos llamarlas Klein, Fontana, Manzoni y Beuys. Vivieron en una enorme jaula dentro del taller todo el semestre. Las sacábamos a pasear por los patios de La Esmeralda dos veces por semana, había turnos para darles de comer anotados en el pizarrón y algunos, no entiendo muy bien cómo, lograron encariñarse con ellas. Al final del semestre Mifusana Suhomi llegó con una olla gigante y mucho carbón diciendo que teníamos que matarlas. Se hizo un enorme silencio. Él mismo les torció el cuello y las desplumamos entre todos. Cocinó una sopa de la que todos teníamos que comer para completar el ciclo. Vida-muerte-vida, dijo. Nunca volví a comer algo igual. No sé si era buen artista, pero tenía madera de chef. Y aunque su español era endeble, utilizaba las palabras exactas, tal como lo haría un sensei. Dos fueron más que suficientes para entender algo tan esencial y complejo como que las cosas empiezan, luego terminan, y luego vuelven a empezar.
Su clase era de lo más extraña: nos mostró qué es y cómo se hace el yeso, en lugar de enseñarnos a usarlo para hacer moldes y vaciados. De dónde viene el mármol, en lugar de darnos un martillo y un cincel. Con la madera sucedió lo mismo: Pala hacel tabla tliplay, álbol gila dentlo de sacapuntas gigante, viluta de tlonco aplastada en glan plancha. En clase me enteré que las vetas de madera cuentan con detalle las aventuras de un período específico de tiempo del árbol. Me gustaba creer eso, que cada veta de mis tablas me contaba una historia distinta para no tener que pensar en la mía. El área de cada veta corresponde a un anillo del tronco, y cada anillo puede corresponder, aunque no exactamente, a un año de vida del árbol. Después supe que hay una ciencia que estudia eso. La dendrocronología puede calcular la edad de un tronco siguiendo, del centro haca afuera, el crecimiento radial de los anillos que se dibujan en él. Me hubiera gustado ser dendrocronóloga. Pero en las tablas de triplay no se ve la edad de un árbol. El gran sacapuntas giratorio rebana el tronco con un ángulo inclinado. Ese corte en diagonal lo desordena todo: en cada viruta hay distintos momento salteados de la vida del árbol, no hay una cronología lineal y mucho menos concéntrica. 
Mifusama Suhomi nos dio un lápiz y un sacapuntas a cada uno. Luego de varios intentos dijo: Viluta pelfelta, ahola ustedes. Tenía la forma de un cono. Algo muy parecido a eso que después se aplasta y se superpone para hacer una tabla de triplay. En el búnker tenía tres paneles de madera con el tiempo desordenado y superpuesto. Ojalá eso fuera posible: desordenar el tiempo. Me gustaría inventar una ciencia que investigue la forma en que una tabla de triplay desordena el tiempo. Sería útil mover de lugar el momento en que suceden algunas cosas, poner los finales al principio, por ejemplo (o en cualquier otro lugar). O el pasado en un futuro lo suficientemente lejano para que nunca lleguemos al momento de enfrentarlo. En este tipo de disertaciones se me iba la mañana. 

En el diálogo interior todas las palabras regresan como boomerangs. 







viernes, 1 de noviembre de 2019

"La pasión según GH"; Clarice Lispector

Estoy buscando, estoy buscando. Estoy intentando comprender. Intentando dar a alguien lo que viví y no sé a quién, no me quiero quedar con lo que viví. No sé qué hacer con eso, le tengo miedo a esta desorganización profunda. No confío en lo que me pasó. ¿Me pasó algo que yo, por el hecho de no saber cómo vivirlo, lo viví como si fuera otra cosa? A eso querría llamarlo desorganización, y tendría la seguridad de aventurarme, porque después sabría a dónde volver: a la organización anterior. A eso prefiero llamarlo desorganización pues no quiero confirmarme en lo que viví –en la confirmación de mí perdería el mundo tal como lo tenía, y sé que no tengo capacidad para otro.

Si me confiara y me considerara verdadera, estaría perdida porque no sabría dónde encajar mi nuevo modo de ser –si avanzara en mis visiones fragmentarias, el mundo entero debería transformarse para tener un lugar en él.
Perdí algo que me era esencial, y que ya no lo es más. No me es necesario, como si hubiese perdido una tercera pierna que hasta entonces me imposibilitaba caminar pero que hacía de mí un trípode estable. Perdí esa tercera pierna. Y volví a ser una persona que nunca fui. Volví a tener lo que nunca tuve: sólo dos piernas. Sé que es sólo con dos piernas que puedo caminar. Pero la ausencia inútil de la tercera me hace falta y me asusta, era ella la que hacía de mí algo encontrable por mí misma, y sin ni siquiera tener que buscarme.
¿Estoy desorganizada porque perdí lo que no necesitaba? En ésta mi nueva cobardía –la cobardía es lo que de más nuevo ya me aconteció, es mi mayor aventura, esta mi cobardía es un campo tan amplio, que sólo una gran valentía me permite aceptarla–, en mi nueva cobardía que es como despertar en la mañana en la casa de un desconocido, no sé si tendré el valor de simplemente andar. Es difícil perderse. Es tan difícil que probablemente encontraré rápido un modo de hallarme, aunque hallarme sea de nuevo la mentira de la que vivo. Hasta ahora encontrarme era ya tener una idea de la persona y adherirme a ella: en esa persona organizada me encarnaba, y no sentía el gran esfuerzo de construcción que era vivir. La idea que yo me hacía de la persona provenía de mi tercera pierna, de aquella que me sujetaba al suelo. Pero, ¿y ahora? ¿seré más libre?
No. Sé que todavía no estoy sintiendo libremente, que estoy pensando de nuevo porque tengo como objetivo encontrar –y que por seguridad llamaré encontrar al momento en que encuentre una forma de salir. ¿Por qué no tengo el valor de encontrar sólo una forma de entrada? Oh, sé que entré, sí. Pero me asusté porque no sé a dónde conduce esa entrada. Y nunca antes me había dejado llevar, a menos que supiese para qué.


viernes, 13 de septiembre de 2019

"Barreras y límites"; Liz Greene

Empleamos el término defensa de un modo muy negligente e inapropiado. Cuando le decimos a alguien que actúa a la defensiva, la mayoría de las veces lo que en verdad queremos decir es que no ve las cosas a nuestra manera. Cuando los terapeutas les dicen a sus pacientes o clientes: “Usted está a la defensiva”, podría traducirse como: “No acepta mi interpretación de lo que siente o de su sueño”. Por cierto que hay defensas que se tornan destructivas en el trabajo terapéutico, porque son tan herméticas o rígidas que hacen imposible un diálogo honesto; pero, cuando esas defensas se despliegan, tienen una buena razón a los ojos del paciente –e incluso del terapeuta– y siempre debemos respetar la vulnerabilidad del individuo que se mantiene a la defensiva en la terapia, aunque debamos ayudarlo a alcanzar una relación más abierta y flexible. Si le decimos a un ser querido: “Estás a la defensiva”, lo que realmente queremos decir es: “No me estás dando lo que quiero”. Es parecido al uso que le damos al término egoísta; lo blandimos como un arma cuando alguien osa –al decir de Ambrose Bierce– creer que es más importante que nosotros. Entonces, antes de continuar con este tema, pienso que debernos resistirnos a la tentación de usar el término defensivo como un insulto a esas personas que no responden de la manera en que pensamos deberían hacerlo.
Un enfoque un tanto más elaborado del tema de las defensas sería considerar que, de muchas maneras, ellas son definiciones instintivas de lo que más necesitamos y valoramos, como individuos y como grupo. Si queremos entender cómo funcionan las defensas en términos de una carta astrológica, primero debemos reconocer este hecho fundamental. Nos defendemos para proteger lo que amamos y necesitamos, para nuestra supervivencia física o psicológica. La comprensión de las defensas nos brinda la clave de aquello que tiene el mayor valor para cualquier ser viviente, ya sea en un ámbito puramente instintivo o en uno más consciente. No defendemos lo que no nos importa. Sólo defendemos lo que nos resulta más significativo, aquello que no nos pueden arrebatar porque sin ello no podríamos vivir.

(...)

A lo largo de la vida, las defensas de nuestra personalidad siempre estarán relacionadas con lo que más nos importa y necesitamos. Si bien podemos descubrir que las experiencias dolorosas o las privaciones de algún tipo exageran o encienden el mecanismo de defensa, ese mecanismo es un aspecto saludable de la personalidad en su conjunto. No nos ponemos a la defensiva porque nos han privado de algo que, en principio, nunca quisimos; sólo experimentamos dolor si somos vulnerables, y sólo somos vulnerables si necesitamos algo y nos amenazan con la negación de eso que nos hace vivir. La manera de definir nuestras necesidades de supervivencia interna varía de un modo inconmensurable. Lo que digo debería ser obvio; sin embargo, a veces nos resulta difícil entender que las defensas de los demás pueden ser totalmente apropiadas para ellos, pero incómodas para nosotros, si nuestras propias necesidades chocan con esas defensas.
Para emplear un ejemplo astrológico simplista, una persona con el Sol, la Luna, Júpiter y Plutón en conjunción en Cáncer, tal vez necesite reconocer la validez de las defensas emocionales de su pareja o de su hijo con el Sol en Acuario en trígono con una conjunción Luna-Saturno-Urano en Géminis. A los individuos de signos de agua, estas defensas quizás les resulten frías, insensibles y egoístas y, por lo tanto, “patológicas”. Sin embargo, para la naturaleza de aire quizás sean absolutamente necesarias para asegurar la intimidad, el equilibrio emocional y la tan necesaria protección para no sentirse abrumada o invadida por las exigencias de los demás. Según sea su propio horóscopo y naturaleza individuales, el astrólogo o consejero puede tomar partido por el cliente de un signo de agua y declarar que las defensas de la persona de un signo de aire son destructivas para la relación, y que el individuo necesita terapia para curar su problema. Pero también podríamos argumentar que las necesidades de los signos de agua son en sí mismas una defensa contra el temor a la soledad, y que también necesitan una cura. Esta es una de las razones por las que siento que debemos ser muy cuidadosos en la manera en que usamos y entendemos el término defensas. Lo que constituye una amenaza para la vida en una persona, tal vez no lo parezca en otra, y no hay nadie –aunque tenga muchos conocimientos astrológicos o psicológicos– que esté en posición de decidir por los demás, independientemente de que los mecanismos en un área particular de la vida personal sean “normales” o “anormales”. Cuando las defensas se tornan extremas y se expresan mediante un comportamiento destructivo hacia uno mismo y los demás, tendremos que hacer todo aquello que sea necesario para tratar de rectificar la situación. Pero tal vez precisemos abstenernos de la placentera indulgencia de la certidumbre moral.
Todo terapeuta que tiene experiencia en trabajar con personas, reconoce –como ya lo señalé– que nunca deberíamos intentar romper las defensas de un paciente sólo porque pensamos que no deberían estar allí. Lo mismo se aplica al astrólogo. Dichas defensas existen por una razón y quizás sean absolutamente necesarias para el cliente –al menos durante algún tiempo– porque protegen algo muy vulnerable, que el propio terapeuta quizás no considera importante en lo personal. Las defensas deberán abordarse siempre con mucho respeto, porque están muy adaptadas a la psique individual y a las necesidades de supervivencia del individuo.




viernes, 28 de junio de 2019

"Relaciones humanas"; Liz Greene

Si el niño, que lleva dentro de sí las imágenes arquetípicas de la madre y del padre simbólicos, en vez de encontrar solicitud y estabilidad, tropieza con una mezcla desordenada e inconsciente de caos, hostilidad, agresión, violencia, destructividad y envidia, será muy comprensible que exhiba rasgos "neuróticos", que en una u otra forma se perpetuarán en la edad adulta. Y con demasiada frecuencia, los padres de un niño así lo llevarán a la consulta del analista, o incluso del astrólogo, para preguntar por qué está tan perturbado, y qué se puede hacer para "curarlo". Esto pone al profesional consultado en una situación dificilísima. No son muchos los padres (especialmente si son concienzudos) a quienes les gusta que les digan que son ellos, y no sus hijos, los que necesitan acudir a la consulta del psicólogo.Y sin embargo, a conciencia, eso es lo único que es posible responderles.
¿Qué sucede, entonces, si inconscientemente -a pesar de todos sus esfuerzos conscientes y de todas las apariencias- una madre no se conforma con el hecho de haber tenido un hijo, o si habría querido desesperadamente que fuera del otro sexo, o si hay, profundamente sumergida en ella, una necesidad de poder que jamás ha encontrado expresión en virtud de las exigencias de la sociedad y de su propia educación? La madre arquetípica, plena de ternura, compasión, simpatía, solicitud y afecto, entra violenta y discordantemente en conflicto con la percepción que tiene el niño de la madre real, que quizá no sea ninguna de esas cosas. Se constelará entonces la faz oscura del arquetipo -ya que todos los arquetipos son una dualidad de oscuridad y luz- y como resultado de ello, la madre se convertirá en devoradora, bruja, dragón destructor, castradora. Además, la propia disposición del niño, que lo lleva a ser más o menos sensible al abismo existente entre su madre y la Madre, viene a colorear las reacciones del pequeño ante dicho abismo. Si el niño es varón, cabe que nos preguntemos de qué manera resultarán afectadas sus actitudes inconscientes hacia las mujeres. ¿Cómo se verá influida la constelación del anima, la imagen subterránea de la mujer que el varón lleva consigo? Y si es una niña, ¿qué sucederá con el afloramiento de su propia femineidad, si está pautada sobre el modelo de una madre semejante? Si inconscientemente, la madre teme o desprecia a los hombres, ¿qué efecto tendrá esto sobre la imagen inconsciente que la hija llegue a tener de ellos?
Si no hay un padre con quien el niño pueda relacionarse de alguna manera, ¿qué habrá de proporcionarle un símbolo de fuerza! dcterminacicín y apoyo? En esas condiciones, un niño puede estar influido solamente por la visión que tiene la madre del padre ausente, imagen que, si el matrimonio ha fracasado, estará probablemente muy deformada. Otra alternativa es que el niño se vea frente a una madre que intenta hacer de padre y que asume el rol masculino. La imagen que en su fantasía se crea un niño en ausencia de su padre asumirá inevitablemente proporciones gigantescas, porque no sólo la naturaleza aborrece el vacío, sino también la psique; y donde exista un vacío personal, éste se verá inundado por los arquetipos. Por otra parte, si está presente, el padre también ejercerá una influencia mediada por la parte inconsciente de sí mismo. Si está frustrado y dominado por su mujer, ¿qué efecto tendrán sobre el niño su cólera y su amargura inconscientes? Si es incapaz de reconocer o de expresar sus sentimientos, ¿cómo afectará ello a la confianza del niño en el poder de unión y de reparación del amor? Nada que no haya sido vivido muere; pero lo que no haya sido vivido por el padre puede vivir una vida secreta en el inconsciente del hijo, y en esa medida, convertirse para él en ''destino''.
Se trata de cuestiones bastante simples, y las respuestas son más bien obvias. Lamentablemente, son cuestiones que por lo común no se formulan hasta la edad adulta, y entonces las respuestas llegan ya demasiado tarde. Pero además de todas estas cuestiones, se ha de plantear otra, y es: ¿qué espera, inconscientemente, el niño del padre? En tiltima instancia, quizá no podamos hacer otra cosa que lo que nos sugiere el I Ching, y trabajar sobre lo echado a perder. .. aceptando siempre nuestra parte de responsabilidad.
Hay una fase sumamente incómoda por la cual debe pasar inevitablemente el individuo como parte de su evolución, una fase en que descubre la ambivalencia en la emoción que siente hacia sus padres, y en que reconoce los elementos más oscuros y más destructivos que hay en su relación con ellos.
Esta fase se caracterizará por consiguiente por un resentimiento natural y -en cierto sentido- completamente justificado, que se expresa en forma de recriminaciones que, con el reconocimiento incipiente de "lo que han hecho conmigo", irrumpen coléricamente en la conciencia. Sin embargo, esta fase es sólo un aspecto preliminar del trabajo que se ha de realizar. Es como un absceso donde se reúnen todas las toxinas que hasta entonces han circulado, infectándolo, por todo el cuerpo. Y la ventaja de un absceso es que al abrirlo con un bisturí, se puede hacer drenar los venenos, dando así al cuerpo oportunidad de curarse.
Cuando el resentimiento y la recriminación disminuyen, uno va dándose cuenta gradualmente de que lo que le "hicieron" los padres sucedió hace ya muchos años, y de que es solamente uno el que ha permitido que los fantasmas siguieran con vida en la psique, alimentándose de uno mismo y, desde su propio submundo, condicionando y dirigiendo sus opciones. A medida que un individuo comienza a ver que él mismo ha investido a ciertas de un poder perdurable, puede ir desenmarañándose de ellas; y reconocerá también que muchas cualidades poco atractivas de su propia naturaleza, que antes había atribuido a la influencia de los padres, en realidad le pertenecen. Y además, al ir cultivando la compasión por su propia oscuridad, comenzará a sentir compasión por la oscuridad que hay o había en sus padres. Estos emergerán ahora no como monstruos sino, por así decirlo, como seres humanos, purificados; y a los dones de amor y lealtad de ellos recibidos, por pequeños que sean, se les acordará el reconocimiento debido. Así el hijo da nuevo nacimiento al padre, y al mismo tiempo, toma conciencia de la energía más profunda que se alza por detrás de la figura parental y que constituye su propia y verdadera fuente. Al liberarnos, liberamos a nuestros padres. Sólo de esta manera podemos verdaderamente honrarlos rindiéndoles el honor que a todo ser humano se debe. Y esto es muy diferente de un homenaje hecho de labios afuera, a partir de una carga de culpa y con el corazón lleno de un resentimiento secreto que hacemos pagar a nuestros hijos y a nuestra pareja.
También es menester considerar aquí el problema del choque entre los tipos psicológicos, que aun sin ser "culpa" de nadie, puede crear desorientación y confusión al provocar el rechazo inconsciente de los valores más preciados por el otro. Como cada uno ve lo que es más capaz de ver, es probable que el padre de tipo pensante subestime los sentimientos del niño sentimental; que al padre de orientación sensorial le asusten las percepciones del niño intuitivo; y en muchas familias, al niño se lo convierte en portador de la sombra proyectada del padre -del animus o el anima- independientemente de que su temperamento sea o no adecuado para ello. De la misma manera que los niños proyectan los padres arquetípicos sobre sus padres reales, también éstos proyectan el niño arquetípico -la vida nueva, llena de posibilidades creativas- sobre su progenie. Cuando así sucede, es probable que la imagen del niño quede teñida por la inferioridad secreta del padre: el impulso oculto, la ambición clandestina, a los cuales jamás se les ha permitido el acceso a la conciencia. ¿Cuántas madres, que se esfuerzan por no salirse de la actividad doméstica y se mantienen fieles al mundo del sentimiento y de la relación, no albergan inconscientemente ambiciones del animus que proyectan sobre un hijo, haciéndolo depositario de su esperanza de que se convierta en genio intelectual, prodigio creativo u hombre de éxito? En casos así, la voluntad de poder se oculta tras la máscara del amor. En nombre de "lo mejor para él", la madre comete una violación psíquica del hijo, y después se echa atrás, atónita, cuando él se rebela violentamente o se refugia en un comportamiento "anormal". En otros casos el niño, en su desesperada necesidad de amor, puede él mismo modelarse ajustándose a la proyección del padre; puede pasarse media vida tratando de ser el prodigio que se espera que sea, cotejándose con normas de perfección que son sobrehumanas y a las que, por consiguiente, jamás puede llegar. Y no es sorprendente que así los sucesivos fracasos engendren un profundo sentimiento de incapacidad y de culpa. En la edad adulta el hombre tendrá que enfrentarse finalmente con el demonio que lo ha impulsado, tendrá que reconocer que no es su propio demonio, pero también que él lo ha aceptado como propio, y al aceptarlo se ha condenado.
Los hijos son un vehículo estupendo para que muchos padres vivan, por su mediación, los aspectos no vividos de su propia psique; y esto puede ocurrir incluso cuando los elementos no vividos son aborrecidos por los valores conscientes del padre. Es probable que el padre ambicioso y triunfador tenga un hijo derrochador o afeminado, o que la hija de una madre casta y gazmoña sea promiscua. En este caso cabe preguntarse de quién es el afeminamiento, de quién la promiscuidad. A ambos les pertenece. ¿A cuántas madres no lleva la juventud perdida, o las oportunidades desaprovechadas, a tener celos de sus hijas? ¿Cuántos hombres no están celosos de sus hijos o se sienten amenazados por ellos? ¿Cuántos padres desean a sus hijas, cuántas madres a sus hijos? Sí, a Edipo el deseo lo empujó hacia Yocasta, pero también ella lo animó, y voluntariamente lo llevó a su lecho. Sobre estas cosas sólo podemos hacer conjeturas, hasta que nos encontramos con que están dentro de nosotros mismos; y en el descenso hacia esas eróticas profundidades, todo se va haciendo cada vez más oscuro. Y sin embargo, en medio de esa oscuridad, dentro del laberíntico cenagal de pantanos y arenas movedizas, hay -por decirlo así- una flor que ha hundido en él sus raíces y que resplandece como un talismán. Es el carácter ilimitado de las posibilidades latentes en el seno de la naturaleza humana, un potencial infinito que abarca amor, compasión, simpatía y misericordia, un sentimiento de la continuidad de la vida y de la nobleza del alma. Algo que lo obliga a uno a reconocer que, de haber sido uno mismo su propio padre, con las angustias, las necesidades, los conflictos, los sueños y las aspiraciones de éste, quizás habría sido culpable de las mismas cosas que en él condena. Los "pecados" de nuestros padres -por comisión tanto como por omisión- bien pueden haber caído sobre nosotros; pero siempre nos queda la opción de transmutar la maldición en bienaventuranza. Las pautas de la psique, reflejadas por las pautas de la carta natal, nos hacen pensar que hemos escogido todas aquellas experiencias que nos "suceden". Y lo que escogemos es en algún sentido apropiado y necesario, aunque en ocasiones al yo pueda dolerle, escandalizarlo, confundirlo o parecerle frustrante o destructivo ... por lo menos, mientras no lleguemos a poseer la penetración suficiente para discernir su significado y su coherencia en la configuración total de nuestras vidas.