lunes, 4 de abril de 2016

"Los amigos"; Gonçalo Tavares


El señor Valéry era chiquitito, pero daba muchos saltos.
Explicaba:
—Soy igual a las personas altas sólo que por menos
tiempo.
Pero esto constituía para él un problema.
Más tarde el señor Valéry se puso a pensar que, si las
personas altas saltaran, él nunca las alcanzaría en la vertical.
Y tal pensamiento lo desanimó un poco. Más por
el cansancio, sin embargo, que por esta razón, el señor
Valéry un cierto día abandonó los saltitos. Definitivamente.
Días después salió a la calle con un taburete.
Se colocaba encima de él y allí se quedaba, encima, de
pie, mirando.
—De esta manera soy igual a los altos durante mucho
tiempo. Sólo que inmóvil.
Pero no se convenció.
—Es como si las personas altas estuvieran con los pies
encima de un taburete e incluso así consiguieran moverse
—murmuró el señor Valéry, lleno de envidia, cuando regresaba
ya a su casa, desilusionado, con el taburete debajo del
brazo.
El señor Valéry hizo entonces varios cálculos y dibujos.
Pensó primero en un taburete con ruedas, y lo
dibujó.
Pensó después en congelar un salto. Como si fuera
posible suspender la fuerza de la gravedad, apenas durante
una hora (no pedía más), en sus itinerarios por la ciudad.
Y el señor Valéry dibujó su sueño, tan común.
Pero ninguna de estas ideas era cómoda o posible, y por
eso el señor Valéry decidió ser alto en la cabeza.
Ahora, cuando se cruzaba con las personas, en la calle,
se concentraba mentalmente, y miraba hacia ellas
como si las viera desde un punto veinte centímetros más
arriba.
Concentrándose, el señor Valéry lograba incluso ver
la imagen de la zona superior de la cabeza de las personas
que eran mucho más altas que él.
El señor Valéry nunca más recordó las hipótesis del
taburete o de los saltitos, considerándolas ahora, desde
una cierta distancia, ridículas. Sin embargo, concentrado
de tal modo en esta visión, como desde arriba, tenía dificultades
para recordar la cara de las personas con quienes
se cruzaba.
En el fondo, con la altura, el señor Valéry perdió amigos


miércoles, 30 de marzo de 2016

Guerra al slogan





No abusemos de lo simple
No lo transformemos en panfleto para justificar la melancolía por el paraíso perdido
En vez de eso, aprendamos a reconocer y a desarmar las trampas que haya
Aunque duela un poco, tratemos de crecer
Crezcamos con sentido propio
Crezcamos mejor

martes, 22 de marzo de 2016

"Nubes (I)"; Jorge Luis Borges


No habrá una sola cosa que no sea
una nube. Lo son las catedrales
de vasta piedra y bíblicos cristales
que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,
que cambia como el mar. Algo hay distinto
cada vez que la abrimos. El reflejo
de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube, eres mar, eres olvido.
Eres también aquello que has perdido.




(hoy mi cabeza es una nube de madera)

jueves, 17 de marzo de 2016

"Así es como la pierdes"; Junot Diaz

"Ese fue el verano en que todo en lo que nos íbamos a convertir estaba flotando sobre nosotros. Las jevas empezaban a fijarse en mí; no era buenmozo, pero sabía escuchar y tenía los brazos musculosos como un boxeador. En otro universo, probablemente todo hubiera salido bien, hubiera tenido miles de novias, y buenos trabajos, y un mar de amor en que nadar, pero en el mundo en que vivía, tenía un hermano que se estaba muriendo de cáncer y la vida que me esperaba era un túnel largo y oscuro como una milla de hielo negro"

(...)

"Nilda mira al suelo como si tuviera miedo de caerse. Me palpita el corazón y pienso: Podríamos hacer cualquier cosa. Hasta nos podríamos casar. Podríamos ir a California. Podríamos comenzar de nuevo. Todo es posible, pero ninguno de los dos dice na y el momento pasa y entonces regresamos a nuestro mundo de siempre.
¿Te acuerdas del día en que nos conocimos?, me pregunta.
Asiento.
Querías jugar a la pelota.
Era verano, digo. Tenías puesta una camiseta sin mangas.
Me obligaste a ponerme otra camisa para poder ser parte de tu equipo. ¿Te acuerdas?
Me acuerdo, digo.
Jamás volvimos a hablar. Un par de años después me fuí del barrio pa la universidad y nunca más supe qué coño fue de ella."

(...)

"Apenas sobrevives los dos semestres. Ha sido un largo tramo de mierda y por fin la locura ya empieza a disiparse. Es como despertarse de la peor fiebre de tu vida. No eres el mismo de antes (ja, ja!), pero ya te puedes parar cerca de las ventanas sin sentir impulsos raros y eso es un paso adelante. Desafortunadamente has engordado veinte kilos. No sabes como ocurrió, pero ocurrió. Solo te sirven un par de jeans y ni uno de tus trajes. Guardas todas las viejas fotografías de ella, les dices adiós a sus facciones de mujer maravilla. Vas al barbero, te afeitas la cabeza al rape por primera vez en mil años y te cortas la barba.
¿Ya?, te pregunta Elvis.
Ya.
Una abuela blanca te forma un escándalo en un semáforo y tú simplemente cierras los ojos hasta que termina y se va. 
Búscate otra jeva, te aconseja Elvis. Tiene a su hija en brazos. Un clavo saca otro clavo.
Nada saca nada, le contestas. Nunca habrá otra como ella.
OK. Pero búscate otra jeva de todos modos."

(...)

"Te enfocas más que nunca, en tus clases,  tu terapia física, tu terapia regular, tus lecturas, tus caminatas. Sigues esperando que se levante el peso que has sentido por tanto tiempo. Sigues esperando el momento en que jamás volverás a pensar en tu ex. Pero no llega.
Le preguntas a todo el mundo: ¿Cuánto tiempo toma recuperarse?
Hay muchas fórmulas. Un año por cada año que estuvieron juntos, dos años por cada año que estuvieron juntos. Es cuestión de voluntad: el día que lo decidas, se te pasa. Nunca se te pasa."

(...)

"El tiempo pasa. Sales con la muchacha alta. Ves a más médicos. Celebras el doctorado de Arlenny. Y una noche de junio garabateas el nombre de tu ex y le añades: La vida media del amor es eterna.
Se te ocurren un par de otras cosas. Entonces bajas la cabeza.
Al día siguiente revisas lo que escribiste. Por primera vez no quieres quemar las hojas o dejar de escribir para siempre.
Es un comienzo, le dices a la habitación vacía.
Y eso es todo. En los próximos meses sigues el ritmo del trabajo, porque te da esperanza, algo como una bendición, y porque en tu corazón de cuernú mentiroso sabes que algunas veces un comienzo es todo lo que nos toca."





miércoles, 16 de marzo de 2016

lunes, 14 de marzo de 2016

"La isla del padre"; Fernando Marías

"Concretar en un puñado de líneas lo que sabemos de las personas que amamos es un interesante ejercicio de escritura, pero también, y ante todo, un involuntario autorretrato. Las palabras que elijo para contar quién fue mi padre cuentan en realidad quién soy yo. O comienzan a contarlo"

(...)

"Te quiero mucho y nunca te lo he dicho.
Mucha gente vive y muere sin decir te quiero a sus seres queridos o sin que ellos se lo digan. Pero en nuestro caso era una necesaria culminación, el cierre preciso, este y no otro, del círculo de nuestra vida compartida. Esa frase podría ser el alma de este libro, esa línea única con la que, según dicen, todo libro debe poder ser definido. Dije también palabras de agradecimiento. Nunca le había dado las gracias por propiciar la oportunidad de que yo pudiera ser quien soy. Por supuesto, lo que soy lo he hecho yo, lo bueno y lo malo, pero él peleó para ayudarme a serlo, entendió mi proyecto vital, lo apoyó, creyó en él en los peores momentos, lo financió, y por suerte pudo luego sentirse orgulloso de algunos logros. Sé que hablé del alcohol, ese antiguo y largo lastre de mi vida al que jamás aludimos de forma directa aunque los dos sabíamos que el otro sabía que los dos sabíamos. Tampoco entonces dejó de creer en mí, y si dudó, que tuvo que dudar y sufrir, fue para sus adentros. Que yo supiera y sintiera, siempre estuvo.
Siempre sentí que estabas."