Lo difícil para la persona que hace astrología es que la persona que viene a consultarlo está en otro paradigma.
Una persona generalmente pregunta por su felicidad, por objetivos que no son singulares de ese ser, sino por los objetivos colectivos, digamos; y la persona que viene a consultar, en principio no se acerca a un proceso de singularización, es decir de comprender que hay una fuerza en esa estructura energética que lo está llevando al núcleo de sí mismo, y que para eso muchas veces frustra sus deseos conscientes.
Y tiene que frustrarlos, porque si no lo hiciera, la persona no sería sí misma.
Uno en la experiencia ve una carta natal y es como si viera que una persona tiene potencialidad de ser una violeta, otra es un lirio, otra una orquídea, y lo malo es que todos quieren ser rosas; y la gente sufre porque no es una rosa, y no puede aceptar que una violeta es distinta de una rosa: es más chiquita, no tiene espinas, es distinta; entonces todos quieren ser rosas, y ahí hay mucho sufrimiento.
Hay sufrimiento en lo que le pasa a la persona, hay algo de su potencialidad que no se expresa y eso provoca un destino complejo. Para poder aceptar su propia naturaleza tienen que pasar cosas que vayan en contra del camino de la rosa; el camino de la rosa es una ilusión.
Todo esto es sumamente complejo, porque la persona que viene a hacerse una carta natal y después se hace la revolución solar, lo que te está pidiendo es: «¿voy a ser rosa?«.
Y, ¿qué le se le puede decir? O sea, ¿cómo se le da volumen a esto? En ese sentido, creo que la práctica astrológica está todavía muy condicionada con esta cosa extraña de que uno consulta al astrólogo, hace la carta natal, una entrevista de dos horas, y el astrólogo le tira un «baldazo» de cosas que la persona no puede asimilar; y después una vez por año va y hace su revolución solar. Creo que eso es muy pobre.
Nosotros hemos intentado mucho introducir otro paradigma de entrevista que es hacer varias entrevistas con el astrólogo, espaciadas en el tiempo, y tomarlo más como un seguimiento, como un acompañamiento de un proceso que cada tanto en el tiempo es bueno que la persona vuelva a hacer como un trabajo de afinación, digamos.
Sé que muchas de las cuestiones referentes al amor y a las relaciones que hemos estado viendo y analizando en los últimos días no son fáciles de aceptar. Se trata de cosas de elaboración difícil, lenta y dolorosa. Yo diría, sin embargo, que la mitad de la batalla está ganada con ese «Ah, sí» con que reaccionáis tras haberos sentido sacudidos por una nueva comprensión intuitiva, es decir, por una nueva toma de conciencia. Ello se debe a que están actuando Urano, Neptuno y Plutón, a que dentro de vosotros algo se ha sacudido, se ha disuelto o ha reventado, y con frecuencia hay un largo período entre el impacto y el «Ah, sí», entre el hecho de darse cuenta de algo y el cambio que se produce como resultado de esa toma de conciencia. Durante este período es importante que uno sea paciente y amable consigo mismo. No os castiguéis pensando que sois estúpidos por no haber entendido algo antes. No sirve de nada hacerse ese tipo de reproches. Muchas personas piensan que el cambio sigue inmediatamente al hecho de haberse dado cuenta, pero no es así. Una buena parte de lo que sucede en el proceso psicoterapéutico es que damos vueltas y más vueltas alrededor de nuestro trasfondo básico hasta que hemos explorado todos los parámetros del material que llevamos dentro. Y después de muchas vueltas, finalmente decimos: «A ver, un momento, esto ya lo conozco. Ya he recorrido este espacio, de modo que, ¿por qué estoy de nuevo dando vueltas por aquí?». Aunque quizás estemos temblando y muertos de miedo, lo que en el fondo necesitamos es dar un paso muy pequeño fuera de los parámetros de nuestro círculo habitual y observar qué es lo que hay más allá de él. Una vez llegados a este punto, es realmente útil contar con un aliado, ya sea un amigo, nuestra pareja o nuestro terapeuta. En la Edad Media, cuando se creía que la Tierra era plana, los cartógrafos solían dibujar dragones fuera de la superficie marcada por los límites del mundo. Pensaban que cuando uno llegaba al borde del mundo podía caerse e ir a parar a un lugar terrible, espantoso. En este sentido somos como conejos, nos aterroriza ir más allá del mundo conocido. Creo que es verdad que ahí fuera hay dragones, y que no son meras ficciones de nuestra imaginación. El dragón puede ser vuestra madre, o el hecho de tomar conciencia de que estáis creciendo y de que ya es hora de reconocer y recuperar vuestras proyecciones, o de integrar vuestros planetas. No importa de qué manera queráis decirlo: hay dragones ahí fuera, más allá de las fronteras de vuestro mundo conocido, y para enfrentaros a ellos necesitáis actuar con auténtico coraje.
Uno de mis primeros profesores de psicología solía decir que nos podemos pasar la vida dando vueltas en el tiovivo en una búsqueda interminable del porqué. Perpetuamente andamos dando vueltas en círculo en busca del porqué. No quiero decir en modo alguno que uno de nuestros objetivos no deba ser buscarlo, sino que la perpetua búsqueda del porqué puede interponerse en el camino que nos llevaría a salir del círculo mágico para entrar en el mundo, donde nos esperan los verdaderos dragones. Lo que os digo es que seáis pacientes con vosotros mismos. En casa, en la pared de la sala donde atiendo a mis clientes, he puesto en letras grandes una cita tomada de Hamlet. Dice simplemente: «Con estar dispuesto basta». A veces, uno sólo tiene que dejar las cosas como están, pero si habéis iniciado el proceso, confiad en que llegará el momento en que estéis preparados para empuñar una espada e ir en busca de vuestros dragones particulares. De todos modos, es un misterio: en realidad no sabéis si llegaréis a ese punto, ni cuándo; ni siquiera los tránsitos y las progresiones pueden decíroslo de manera segura. Puede ser que un tránsito o una progresión indique que una deidad está llamando a vuestra puerta; pero, ¿quién puede saber si estaréis o no en casa para abrírsela?
Espero que estéis empezando a ver, o que yo esté empezando a explicar con más claridad, que el camino de la integración, en términos astrológicos por lo menos, consiste en que reconozcamos dentro de nosotros mismos los pares de planetas y de signos complementarios. Si un lado está desequilibrado, el otro también debe de estarlo; pero si empezáis a integrar un lado, automáticamente se integrará el otro. ¿Entendéis a qué me refiero? Tomemos a la Luna y Saturno, por ejemplo: cuanto más integréis a vuestro propio padre (y supongamos que se trate de un padre afectuoso), tanto más estaréis integrando al niño ávido que está en el otro lado. O tomemos al Sol y Urano: cuanto más cómodos estéis con vuestra forma de ser, más podréis aceptar la experiencia uraniana de haceros trizas, desmoronaros y reconstruiros después. A pesar de que vuestro ego pueda haberse hecho añicos debido a un avance o una toma de conciencia, sabéis que volverá a reorganizarse de alguna otra manera. No voy a recorrer ahora con vosotros todos los pares de opuestos; simplemente, recordad que cada signo y cada planeta tiene su contrario, que también es su complementario.
A todo esto, ¿cómo podéis saber dónde estáis? Empezad por observar atentamente vuestra vida, y también vuestras relaciones. Recordad que las personas que hay en nuestro mundo son espejos de nosotros mismos. Como es muy difícil ser al mismo tiempo subjetivo y objetivo, no es fácil que uno se vea a sí mismo con claridad y objetividad. Pero es un hecho que el mundo objetivo está representado muy claramente por la clase de personas que hemos escogido para que formen parte de nuestra vida. Una indicación de que nos estamos embarcando en un proceso de cambio e integración se da cuando varias relaciones importantes en nuestra vida empiezan a debilitarse o a romperse. El proceso no es fácil, porque a una parte de nosotros le gustaría mantenerse dentro de nuestro trasfondo básico, una parte que no quiere cambiar ni crecer, ni renunciar a nuestras proyecciones. Jung dijo una vez que el cambio es difícil y doloroso. Quizá no cambiemos mientras no hayamos sufrido lo suficiente. Cuando uno empieza a crecer, cambiar e integrarse, es probable que ciertas relaciones se desmoronen o que pasen por un período de prueba muy difícil. Esto no significa necesariamente que esas relaciones hayan de disolverse o terminar, pero podría ser que estemos ya preparados para asumir lo que hemos proyectado en ellas. Cuando recuperamos cosas que hemos estado proyectando en otra persona, es posible que esa persona ya no pueda seguir nuestro mismo camino. Lo explicaré más detalladamente. Al recuperar nuestras proyecciones, nos integramos y equilibramos más. Digamos que eres una mujer que ha estado jugando al juego de la niña o de la novia infantil en tu relación con un hombre que actuaba como si fuera tu padre. Dicho de otra manera, tú eras la Luna y él Saturno. Y digamos que en tu vida llega finalmente un momento en que estás preparada para convertirte, en alguna medida, en tu propio padre y tu propia madre. Descubres entonces tus objetivos, ambiciones y metas, y también un destino que es exclusivamente tuyo, que se extiende más allá de los parámetros de tu matrimonio o de tu familia. Entonces, lo que sucede es que, si recuperas tu Saturno, tu marido deberá recuperar su Luna, que hasta ese momento había proyectado sobre ti. Y si no está a la altura de las circunstancias y no lo hace, a ti no te quedará otra alternativa que decirle: «Mira, o cambias conmigo, o tendré que hacerlo sola», y esto puede significar una separación muy difícil. Las relaciones son como los aspectos de una carta, y los aspectos son como cadenas de energía. No puedes tener un tránsito sobre un planeta sin que afecte a cualquier otro planeta que esté en aspecto con él. Una dinámica similar se da en las relaciones. Si a ti te sucede algo, ello provoca una reacción en cadena que afecta a todas las personas con las que te relacionas, y aquellas que tienen un vínculo más estrecho contigo (en conjunción o en oposición) son las que se verán más afectadas por tus cambios. Lo único que puedo deciros es que cambiar y crecer suelen ser procesos muy difíciles, muchas veces dolorosos, y sin embargo, también esperanzadores. No olvidéis que a vuestro alrededor hay personas que os ayudarán a superarlos. Estamos todos en el mismo barco, en el proceso de búsqueda de una mayor integración, y ni uno solo de nosotros ha llegado todavía a una completa realización. Por eso, os ruego que seáis muy considerados con vosotros mismos en este proceso.
El eros es una cuestión de límites. Existe porque existen ciertos límites. En el intervalo entre intentar alcanzar y aferrar, entre una mirada y su devolución, entre “te amo” y “yo también te amo” cobra vida la presencia ausente del deseo. Pero los límites del tiempo y de la mirada y de un te amo son sólo réplicas del temblor central e inevitables que es el límite que da origen a Eros: el límite de la carne y del yo entre tú y yo. Y de repente, sólo en el momento en que procedo a disolver ese límite, advierto que nunca puedo.
Los niños empiezan a ver advirtiendo los bordes de las cosas. ¿Cómo saben que un borde es un borde? Deseando apasionadamente que no lo sea. La experiencia del eros como falta alerta a la persona sobre los límites de sí misma, de otras personas, de las cosas en general. El borde que separa mi lengua del gusto que esta ansía me enseña lo que es un borde. Como el adjetivo de Safo, glukupikron (1), el momento del deseo es aquel que desafía el borde propiamente dicho ya que es un conjunto de opuestos forzados a estar juntos bajo presión. El placer y el dolor se manifiestan en el amante al mismo tiempo, puesto que la deseabilidad del objeto amado proviene, en parte, de su falta. ¿A quién le falta? Al amante. Si seguimos la trayectoria del eros lo encontramos sistemáticamente trazando la misma ruta: se mueve del amante hacia el amado, después rebota de nuevo hacia el amante mismo, hacia el agujero que hay en él y que antes pasaba inadvertido. ¿Cuál es el verdadero tema de la mayor parte de los poemas de amor? No es el amado. Es ese agujero.
Cuando te deseo una parte de mi desaparece: mi deseo por ti consume una parte de mí. Así razona el amante en el borde del eros. La presencia del deseo despierta en él la nostalgia de una totalidad. Sus pensamientos se desvían hacia interrogantes de identidad personal: para ser una persona completa debe recuperar y reincorporar lo que perdió.
(…)
Todo deseo es respecto de la parte perdida de uno mismo, o así lo siente la persona enamorada.
Ya habíamos pagado la cuenta pero todavía había algo de cerveza en cada vaso tomaste un sorbo hiciste una pausa con el vaso en alto miraste al cielo te demoraste un poco y después del último sorbo imitando a Ava Gardner dijiste “La eternidad es aburrida nosotros no somos dioses nos merecemos solo este instante, la electricidad y el vértigo de la huida constante” Como siempre, hablabas sólo por vos por eso reíste a carcajadas y te levantaste de la mesa cuando quise agarrarte de la mano Así te fuiste calle arriba silbando tu propia versión de una canción olvidada que sonaba en los flippers de la costa.
Como vamos a ver, también en esta circunstancia el papel de Eros es ambivalente. Lo más interesante es observar cuan poco importa cómo esté imaginado este drama. A nivel simbólico, el significado es el mismo en cualquier caso: para llegar a ser un hombre, el Enamorado ha de liberarse a sí mismo de la atracción regresiva de cualquier útero que busque contenerlo y avanzar hacia la hombría. Como en cualquier nacimiento, habrá derramamiento de sangre, y también habrá una nueva vida.
A veces la Madre Terrible de la posesión inconsciente se representa como un dragón a quien el héroe debe dar muerte a fin de rescatar a la princesa. Es también el mismo dragón a quien san Jorge debe vencer para redimir el reino. En forma humana, esta Madre «monstruosa» (la dama situada a la izquierda del dibujo) puede convertirse en cruel madrastra, reina perversa o simplemente bruja terrible, de cuyo dominio el príncipe debe rescatar a Cenicienta, Blancanieves o la Bella Durmiente, quienes representan su «amor verdadero», su «otra mitad», su «alma». Sea cual sea la forma que tome el arquetipo de la Madre, la cuestión es que la conciencia del joven ego debe separarse y apartarse de su fascinación mortal, rescatar su alma y, de este modo, enrolarse en la vida. A través de este juicio, el Enamorado (símbolo del ego) se convierte en el héroe (símbolo de la conciencia humana en busca de autorrealización).
A cualquier nivel de interpretación, esta carta presenta al ego con un reto que marca un paso importante en su iniciación. Podría decirse que el Papa del Tarot ofrece la iniciación hacia la vida del espíritu. En esta carta el reto es el de conectar esta vida espiritual con la vida emocional y, a través del compromiso apasionado con toda la vida, conseguir una nueva relación con los demás y una nueva armonía con uno mismo.
No por casualidad la historia del Paraíso pone en paralelo la experiencia carnal con el conocimiento del bien y del mal, y también en el Antiguo Testamento el acto sexual se traduce por el verbo «conocer». «Y Abraham conoció a Sara y ella concibió.» Con este conocimiento algo nuevo nace.
Puesto que éste es el caso, el Enamorado se ve llamado a grandes visiones... y a grandes conflictos. Pues, como dijo Jung repetidamente: el conflicto es la esencia de la vida, y es un requisito previo necesario para todo crecimiento espiritual. La vida no puede vivirse en lo abstracto; solamente a través del enfrentamiento con cualquier conflicto individual y sufrimiento, para su resolución o transcendencia, llegaremos a lo más profundo de nosotros mismos. Muy a menudo, un conflicto que parece insoluble (o un síntoma neurótico causado por la represión de este conflicto) acerca a una persona al análisis, conduciéndola al principio del camino de la individuación. Como sabían ya los antiguos alquimistas, estos conflictos son la materia prima necesaria como primer ingrediente de todo crecimiento espiritual.
La filosofía de Oriente y la Cristiandad de Occidente probablemente escribirían desenlaces muy diferentes para el conflicto dibujado aquí, ya que las ideas sobre lo que es un conflicto son muy diferentes para Oriente y Occidente. Para Oriente, la idea sería eliminar el sufrimiento y llegar así a la perfecta paz. El yoga aspira a conseguir esta paz interior, negando el conflicto y elevándose sobre él. El Cristianismo de Occidente considera el conflicto como esencial para la salvación. De hecho, Cristo en la cruz, su imagen central, sintetiza el conflicto y el sufrimiento como los medios de salvación. En línea paralela con esta enseñanza de la teología cristiana, Jung sintió que solamente a través de concienciarnos de nuestros conflictos, afrontarlos y sufrir con ellos, se puede encontrar una genuina paz. Esta paz, lejos de ser la meta última, es un logro temporal, una etapa en el largo viaje.
Y cada nuevo reconocimiento experimentado en el camino se presenta primero como un nuevo conflicto. Paradójicamente, pues, iniciar un análisis en profundidad significa verse sumergido en conflictos cada vez más profundos, pero al mismo tiempo experimentar más profundos niveles de consciencia y de paz.
En el caso de nuestro joven Enamorado, salir del capullo de su inocencia puede ser la primera elección difícil que se le presenta en la vida. El destino, a la vez cruel y amable, le ofrece la preciosa materia prima para lo que los alquimistas llamaron correctamente la «Gran Obra». Parece evidente que debe de hacer una elección y debe responsabilizarse de lo que de ella resulte ya que, como salta a la vista, un factor divino trabaja a su espalda y por encima de él y va a influir en su decisión. Si no fuera por este arquero alado con su dardo mágico, nuestro héroe permanecería prisionero en los cuernos de su dilema hasta el fin de los tiempos. Solamente el fuego de la «emoción» va a darle el empuje necesario para su «moción».
¿Quién es este arquero alado? ¿Es quizá Cupido con su arco y sus flechas? Cuando por primera vez empecé a escribir este párrafo, el Loco del Tarot, un pariente cercano del ser celestial que ahora estudiamos, me jugó una pasada: me hizo cometer lo que los freudianos llaman un lapsus junguiano.
Al releer lo escrito me encontré con que había escrito: «Es Cupido con su arco y sus yerros».(*) Como suele suceder, estos deslices del inconsciente suelen decir la verdad, ya que las flechas de Cupido suelen sembrar la confusión, que parece desastrosa desde el punto de vista de la lógica. Sin control, la emoción llena de fuego que engendra, puede destruir la vida, aunque sin la intensidad apasionada del calor emocional no puede haber transformación. El dorado espíritu del hombre permanecería encerrado en el frío metal.
El Eros alado que vemos en esta carta es una poderosa figura preolímpica y tiene poco que ver con el angelote lleno de lazos que nos muestran en el día de San Valentín, día de los enamorados. Eros era un personaje más ambivalente, afín al Destino, símbolo del poder de atracción fatal que une a los opuestos. Según Hesíodo: él atrajo entre sí a las fuerzas primarias que crearon el Universo, «trayendo armonía al caos», haciendo posible toda vida. Él es el espíritu, la encarnación del impulso vital.
Como se puede apreciar, Eros es una figura masculina; ya James Hulmán señaló que varias figuras de diferentes culturas lo confirman: «Kama, Eros, Cupido, Frey, Adonis, Tammuz, todos son masculinos; y encarnaciones del amor iluminado: Krishna, Buddha, Jesús, a pesar de su abstinencia en cuanto a lo sexual, son también masculinos. El principio eros es activo y deseable.. .».
Como potencia sexual, el dios Eros puede traer guerra, problemas, trastornos con los antiguos modelos de ley y orden, y todo ello para abrir camino al advenimiento de una nueva vida. Pero la potencia fogosa de Eros va más allá de la pasión sexual. En el sentido alquimista, es el «fuego divino» que hay que mantener necesariamente para la Gran Obra y trascender el ego, y para el descubrimiento de sí-mismo. Una experiencia profunda de amor es a menudo el principio de la búsqueda de la individuación. La literatura nos ofrece ejemplos diversos; el amor de Dante por Beatriz es quizá el que nos es más familiar. En nuestra vida particular, un asunto que involucre nuestro corazón marca usual-mente un punto decisivo para nuestro desarrollo posterior. Por eso este amor aparece a menudo como un hecho ineludible del destino. Todos hemos experimentado los dos efectos que produce la flecha del amor: da la vida y mata a la vez. Perderse en amor puede ser una muerte, la muerte de una existencia puramente centrada en el ego. Marca una fase nueva en la evolución hacia el encuentro de un centro trascendente.
Cuando hablamos por primera vez del Loco, hablé de la conexión que tenía con la energía primaria del fuego y de su costumbre de bailar invisible en medio de la baraja, proveyendo de nuevo ímpetu a cada carta.
Como vimos hace un momento, entró como un intruso en mi mundo personal, haciéndome cometer un «lapsus» verbal. Con frecuencia les hace las mismas jugarretas a diferentes personajes del Tarot. Al igual que Puck, le gusta espiar y entrometerse en los asuntos ajenos. Mirando esta carta del Tarot, podemos imaginar que se encuentra apuntando a Eros desde detrás de la escena. Completamente fuera del alcance de la cámara, danza, exclamando con delicia mientras vuela la flecha: «¡Oh! ¡Cuán locos pueden ser estos mortales!».
Es invierno de 1998 y tenés poco más que veinte años. Por esas cosas del destino, en marzo no pudiste anotarte en la Universidad y por ello te pusiste a trabajar haciendo varias cosas a la vez. Así, tus horarios se vuelven una grilla random que constantemente alterna entre la simultaneidad y el desierto.
Sumado a todas las cosas que vas haciendo para ganarte unos mangos, son días de intensa fiebre exploradora donde literalmente tragás todas las lecturas y las canciones que llegan a tus manos. Por ello no resulta nada raro que cada mañana al despertar te encuentres con la luz de tu velador encendida y con un tendal de cosas al costado de la cama: desde un apunte de Foucault, un libro de Kundera y un comic de Spiderman hasta algunos cd's prestados.
En una de esas noches de frío te dan ganas y volvés a gambetear el sueño para releer El Señor de los Anillos. Promediando la lectura de Las Dos Torres, das con una frase que anteriormente había pasado desapercibida y que ahora, sencillamente te maravilla. Cuando el sitio de Isengard ya quedó en el pasado y la trama está en narrar como los hobbits escaparon de los orcos, Aragorn suelta:
"Quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad es como un esclavo encadenado"
Entonces, de golpe te acordás que en tu cuaderno Rivadavia -en ese que usas para registrar todo lo bello que ves en el mundo- semanas atrás hiciste una traducción propia de "Into my arms" y vas hacia ella como Frodo a Mordor.
Respiras hondo.
Unís con puntos suspensivos.
Y soñás con algún lejano día en que puedas dedicar esa canción.
Dicen los que saben, que cuando "Cut Here" fue incluida en el disco "Great Hits" del año 2001, la idea de Robert Smith era dar por finalizada la carrera musical de The Cure.
De hecho, sería esa la sencilla razón por la cual la canción está bautizada con ese nombre.
También dicen que está dedicada a un amigo suyo, el escocés Billy Mackenzie quien se suicidó en los 90's. Puntualmente -si le prestamos atención a la letra- lo vamos a encontrar nombrado al menos dos veces de forma directa y también hallaremos alguna alusión a su lugar como frontman de la banda The Associates.
Lo cierto es que a la hora de hacer sonar esta canción en los auriculares, las referencias anteriores pasan a un segundo plano.
Incluso podemos subir la apuesta y se las podemos prestar al olvido para que juegue con ellas un poco.
Porque cuando el "I miss you I miss you I miss you I miss you I miss you I miss you so much" se hace sonido, es imposible no sentir en la carne el aguijón de lo que perdimos en el camino.
La muerte de un amigo hecha canción diez años después.
El anteúltimo track de un disco para decir "esto es todo amigos".
Muertes, ausencias, tiempo y finales, ¿quién no ha pasado alguna vez por experiencias de este tipo?