El esquizoanálisis procederá a la inversa del psicoanálisis. Cada vez que el sujeto cuente algo que se relacione de cerca o de lejos con Edipo o la castración, el esquizoanálisis dirá: «¡Váyase a la mierda!»”
martes, 29 de noviembre de 2016
viernes, 18 de noviembre de 2016
"Como decir poesía"; Leonard Cohen
Por ejemplo la palabra “mariposa”. Para usar esta palabra no hace falta aligerar la voz, ni dotarla de pequeñas alas empolvadas, ni inventar un día soleado o un campo de narcisos, ni estar enamorado, ni estar enamorado de las mariposas. La palabra “mariposa” no es una mariposa de verdad. Está la palabra y está la mariposa. La gente tendrá todo el derecho a reírse de ti si confundes estos dos conceptos. No le des tanta importancia a la palabra. ¿Qué quieres transmitir, que amas a las mariposas con más perfección que nadie o que entiendes realmente su naturaleza? La palabra “mariposa” no es más que un dato. No te da pie a revolotear, elevarte, proteger las flores, simbolizar la belleza y la fragilidad o interpretar de alguna forma a una mariposa. No representes las palabras. No representes nunca las palabras. No intentes nunca despegar del suelo cuando hables de volar, ni gires la cabeza y cierres los ojos cuando hables de la muerte. No me mires con ojos ardientes cuando hables del amor. Si quieres impresionarme al hablar del amor, métete la mano en el bolsillo o debajo del vestido y acaríciate. Si tu ambición y tu hambre de aplausos te han llevado a hablar del amor, debes aprender a hacerlo sin desacreditarte a ti mismo ni lo que dices.
¿Qué expresión podría definir a nuestra época? Nuestra época no tolera expresión alguna. Todos hemos visto fotografías de madres asiáticas desoladas, así que no nos interesa la agonía de tus órganos achacosos. Nada de lo que puedas expresar con tu cara tiene parangón con el horror de nuestro tiempo. No lo intentes siquiera. Sólo merecerías el desprecio de los que han sido tocados en lo más hondo. Todos hemos visto noticieros con seres humanos embargados por el dolor y la desazón. Todos sabemos que comes como Dios manda y que hasta te pagan para que te subas a un escenario. Estás tocando para gente que ha vivido catástrofes, así que tranquilízate. Di las palabras, transmite los datos y hazte a un lado. Todos sabemos que sufres. No puedes contarle al público todo lo que sabes del amor en cada verso de amor que digas. Hazte a un lado: la gente sabrá lo que tú sabes porque ya lo sabía. No tienes nada que enseñarles. No eres más hermoso que ellos. Ni más sabio. No les grites. No fuerces una entrada en seco. Eso es sexo mal practicado. Si muestras el contorno de tus genitales, entrega lo que prometes. Y recuerda que, en el fondo, la gente no quiere acróbatas en la cama. ¿Qué necesitamos? Estar cerca del hombre natural, estar cerca de la mujer natural. No quieras ser un cantante venerado por un público numeroso y leal que desde siempre ha seguido los altibajos de tu carrera. Las bombas, lanzallamas y demás mierdas han destruido algo más que árboles y poblados. También han destruido los escenarios. ¿Acaso creías que tu profesión iba a escapar de la destrucción general? Ya no hay escenarios. Ya no hay candilejas. Estás entre la gente, por lo tanto sé modesto. Di las palabras, transmite los datos y hazte a un lado. Quédate solo. Quédate en tu habitación. No montes un número.
Se trata de un paisaje interior. Está dentro y es privado. Respeta la intimidad de tus textos, pues fueron escritos en silencio. La valentía de la interpretación es decirlos. La disciplina de la interpretación es no violarlos. Deja que el público sienta tu amor por la intimidad aunque ésta no exista. Sé una buena puta. El poema no es un slogan. No puede promocionarte. No puede fomentar tu reputación de sensible. No eres un semental. No eres un ladrón de corazones. Tanto gangster del amor y tanta tontería. Eres un estudiante de disciplina. No representes las palabras. Las palabras mueren cuando las representas, se marchitan, y no nos queda más que tu ambición.
Di las palabras con la precisión exacta con que comprobarías la ropa de tu colada. No te conmuevas con una blusa de encaje. Unas braguitas no tienen por qué ponértela dura. No tiembles al ver una toalla. Las sábanas no han de dibujar una expresión de ensueño alrededor de tus ojos. No hace falta que llores en el pañuelo. Los calcetines no están ahí para evocarte extraños y lejanos viajes. No es más que tu colada. No es más que tu ropa. No seas un mirón escudriñando a través de ella. Limítate a llevarla puesta.
El poema es mera información. Es la Constitución de la patria interna. Si lo declamas y lo hinchas con nobles intenciones, no eres mejor que esos políticos que tanto desprecias. No haces más que agitar una bandera y llamar patéticamente a la patriotería emocional. Piensa en las palabras como ciencia, no como arte. Son un informe. Es como si dieras una conferencia en la Federación de Montañismo. Las personas que te escuchan conocen todos los riesgos de la escalada, y te honran dando por sentado que lo sabes. Si se los pasas por la cara, estás insultando la hospitalidad que te ofrecen. Infórmales de la altitud de la montaña, describe el equipo que utilizaste, especifica el tipo de superficie y fija el tiempo que duró la escalada. No busques dejar al público boquiabierto. Si el público se queda boquiabierto, no será debido a tu apreciación de los hechos, sino a la suya. Tu mérito estará en la estadística y no en las inflexiones de tu voz ni en los ademanes enérgicos de tus manos. Estará en los datos y en la tranquila organización de tu presencia.
Evita las fiorituras. No temas ser débil. No te avergüences de estar cansado. Tienes buen aspecto cuando estás cansado. Parece como si pudieras seguir y seguir sin parar. Y ahora ven a mis brazos. Eres la imagen de mi belleza.
martes, 15 de noviembre de 2016
jueves, 10 de noviembre de 2016
Aquellos actuales correos del 2011
Acerca de la Hamartia. Palabra polémica que elegiste para titular este correo! Seguro que ya lo sabes, pero esta emparentada con la hybris en tanto que la desmesura es la que da el pie al error trágico, a aquello que es inevitable y que funda la tragedia per se. Por ejemplo, en Antígona la hamartina de Creonte es creer que es la ley, no que la representa.
Así, no hay hybris sin hamartia; y sin hamartia no puede haber tragedia, ni "heroe", y por supuesto, mucho menos catarsis.
Así, no hay hybris sin hamartia; y sin hamartia no puede haber tragedia, ni "heroe", y por supuesto, mucho menos catarsis.
Así que cuidado! Yo no se si los olímpicos tienen pensado castigarte o no, pero por las dudas tené siempre a mano las palabras del mesotes (o phronimos, según prefieras) Euripides: "Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco".
lunes, 7 de noviembre de 2016
"Fragmentos de un discurso amoroso"; Ronald Barthes
El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es “yo te deseo”, y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación.
(Hablar amorosametne es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal voz una forma literaria de este coitus reservatus: el galanteo)
jueves, 27 de octubre de 2016
jueves, 6 de octubre de 2016
"Diálogos"; Giles Deleuze & Claire Pernet
Todo acontecimiento es una llovizna. Si los infinitivos
«morir», «amar», «moverse», «sonreir», etc., son acontecimientos, es
porque hay algo de ellos que su cumplimiento no logra realizar, un devenir que
no cesa de alcanzarnos y a la vez de precedemos, como una tercera persona del
infinitivo, una cuarta persona del singular. Sí, el morir se engendra en
nuestros cuerpos, se produce en ellos, pero viene del Exterior, singularmente incorporal y
precipitándose sobre nosotros como la batalla que sobrevuela a los
combatientes, como el pájaro que sobrevuela la batalla. El amor está en el
fondo de los cuerpos, pero también sobre esa superficie incorporal que lo hace
surgir. Aunque bien es cierto que, agentes o pacientes, cuando actuamos o sufrimos,
aún nos queda el ser dignos de lo que nos sucede. En eso consiste, sin duda, la
moral estoica: no ser inferior al acontecimieto, convertirse en el hijo de sus
propios acontecimientos. La herida es algo que yo recibo en mi cuerpo, en tal
punto, en tal momento, pero también hay una verdad eterna de la herida como
acontecimiento impasible, incorporal. «Mi herida existía antes que yo, yo he
nacido para encarnarla». Amor fati, querer el acontecimiento, nunca ha
sido resignarse, y mucho menos hacer el payaso o el histrión, sino extraer de
nuestras acciones y pasiones esa fulguración de superficie, contraefectuar el
acontecimiento, acompañar ese efecto sin cuerpo, esa parte que supera el
cumplimiento: la parte inmaculada. Un amor a la vida que puede decir sí a la
muerte. Ese es precisamente el camino estoico. También el de Lewis Carroll:
fascinado por esa niña cuyo cuerpo está trabajado en profundidad por tantas
cosas, pero también sobrevolado por tantos acontecimientos sin espesor. Así
pues, vivimos entre dos peligros: el eterno quejido de nuestro cuerpo, que
siempre encuentra un cuerpo acerado para cortarlo, un cuerpo demasiado grueso
para penetrarlo y ahogarlo, un .cuerpo indigesto para envenenarlo, un mueble
para tropezarlo, un microbio para producirle un grano; pero también el histrionismo
de los que imitan un acontecimiento puro y lo transforman en fantasma, y alaban
la angustia, la finitud y la castración. Hay que lograr «erigir entre los
hombres y las obras su ser anterior a la amargura». Entre los gritos de dolor
físico y las alabanzas del sufrimiento metafísico, ¿cómo trazar ese sutil
camino estoico que consiste en ser digno de lo que sucede, en extraer algo
alegre y amoroso de ello, un fulgor, un encuentro, un acontecimiento, una
velocidad, un devenir? «Yo sustituiría mi gusto por la muerte, que sólo era un
fracaso de la voluntad, por unas ganas de morir que correspondiesen a la
apoteosis de la voluntad.» Sustituiría mi abyecto deseo de ser amado por una
capacidad de amar: no una voluntad absurda de amar cualquier cosa y a cualquiera,
ni tampoco identificarse al Universo, sino extraer el puro acontecimiento que
me une a los que amo, y que de la misma forma que yo no los espero no me
esperan a mí, puesto que lo único que nos espera es el acontecimiento, Eventum
tantum. Hacer de un acontecimiento, por pequeño que sea, la cosa más delicada
del mundo, justo lo contrario de hacer un drama, o una historia. Amar a los que
son así: cuando entran en una habitación, no son personas, caracteres o
sujetos, son una variación atmosférica, una variación de color, una molécula
imperceptible, una población discreta, una neblina o una llovizna.
Verdaderamente todo ha cambiado. Los grandes acontecimientos no se hacen de
otra manera: la batalla, la revolución, la vida, la muerte .. . Las verdaderas Entidades
son acontecimientos, no conceptos. Pensar en términos de acontecimiento no es
fácil. Tanto más difícil cuanto que el mismo pensamiento se convierte entonces
en acontecimiento. Pocos hay, salvo los estoicos y los ingleses, que hayan
pensado así. ENTIDAD = ACONTECIMIENTO, da pánico, pero también mucha alegría.
Convertirse en una entidad, en un infinitivo, como decía Lovecraft, en la
terrible y luminosa historia de Carter: devenir-animal, devenir-molecular,
devenir-imperceptible.
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