miércoles, 13 de junio de 2018

"Alicia a través del espejo"; Lewis Carroll

-Quiero decir que, ¿qué es un regalo de incumpleaños?
-Pues un regalo que se hace en un día que no es de cumpleaños, naturalmente.
Alicia se quedó considerando la idea un poco, pero al fin dijo: 
-Prefiero los regalos de cumpleanos.
-¡No sabes lo que estás diciendo! -gritó Humpty Dumpty. -A ver: ¿cuántos días tiene el año?
-Trescientos sesenta y cinco -respondió Alicia.
-¿Y cuántos días de cumpleaños tienes tú?
-Uno.
-Bueno, pues si le restas uno a esos trescientos sesenta y cinco días, ¿cuántos te quedan?
-Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.
Humpty Dumpty no parecía estar muy convencido de este cálculo. -Me gustaría ver eso por escrito -dijo.
Alicia no pudo menos de sonreir mientras sacaba su cuaderno de notas y escribia en él la operación aritmética en cuestión:

 365
 -1
 -----
 364

Humpty Dumpty tomó el cuaderno y lo consideró con atención. -Sí, me parece que está bien... -empezó a decir.
-Pero, ¡si lo está leyendo al revés! -interrumpió Alicia.
-¡Anda! Pues es verdad, ¿quién lo habría dicho? -admitió Humpty Dumpty con jovial ligereza mientras Alicia le daba la vuelta al cuaderno. -Ya decía yo que me parecía que tenía un aspecto algo rarillo. Pero en fin, como estaba diciendo, me parece que está bien hecha la resta... aunque, por supuesto no he tenido tiempo de examinarla debidamente... pero, en todo caso, lo que demuestra es que hay trescientos sesenta y cuatro días para recibir regalos de incumpleaños...
-Desde luego --asintió Alicia.
-¡Y sólo uno para regalos de cumpleaños! Ya ves. ¡Te has cubierto de gloria!
-No sé qué es lo que quiere decir con eso de la «gloria» -observó Alicia.
Humpty Dumpty sonrió despectivamente.
-Pues claro que no..., y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que «ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada».
-Pero «gloria» no significa «un argumento que deja bien aplastado» -objetó Alicia.
Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso -quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
-La cuestión -insistió Alicia -es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty -es saber quién es el que manda..., eso es todo.



martes, 20 de marzo de 2018

I - ching, Astrología y Tarot sobre la paciencia

Ser pacientes es ser como los brotes que tienen los árboles en primavera. De algún modo, esas hojas ya saben que van a terminar coloreando de amarillo a los charquitos de otoño. Y sin embargo, se las arreglan para pintar de esmeralda la planta baja del cielo.

Que el zorro no se moje la cola significa que plantó una semilla en algún lado del bosque. Y que no está todos los días moviendo la tierra con el hocico para ver si ya echó raíces. 

Que Neptuno esté en aspecto a Marte puede decir que no sabemos para dónde vamos, pero que vamos bien. Que podemos estar firmes y seguros en la incertidumbre de conocernos, porque acaso no hay aventura mas bella en la vida que esta. Es un saber sin saber, es pura acción consciente de la nada. 

Que haya salido La Papisa significa que necesito esperar tu respuesta y nuestra charla. Porque sé que no lo digo todo, y que vos cuando hablas sumas sentido y dirección a lo que digo.

Ser lentos y delicados no significa no esforzarse y caer en la monotonía del agobio y del "y buehhh". Es pedirle a cada momento lo que éste puede dar, y con eso sumar ladrillos para Wonderland.

Ser pacientes es entender que lo que el otro puede darnos es distinto de lo que a veces pedimos. No, que no estoy diciendo que sea mejor o peor, tan sólo distinto. Y acá hay un tesoro si lo sabemos desenterrar.




jueves, 8 de marzo de 2018

"Sé todos los cuentos"; León Felipe

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.



jueves, 1 de marzo de 2018

"Hay perros que mueren de la muerte de su amo"; Hugo Mujica

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo 

que no se agitan,
                     tiemblan. 

Y hay hombres 
en los que muere dios
como una gota de lacre 
sobre el pecho
          de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche. 

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
                   donde morir de carne, 

pero no llora como quien lo hace 
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.



jueves, 22 de febrero de 2018

"El yo minimalista y otras conversaciones"; Michel Foucault

Pero, a propósito de polémicas, ha expresado claramente que no le agrada y no aceptará ese tipo de discusiones en las que se “hace mímica de la guerra y una parodia de la justicia”. Podría explicarme más claramente cuál era el sentido al decirlo?

Lo que más me fastidia de las discusiones ideológicas es que uno, necesariamente, se deja arrastrar por el “modelo de guerra”.  Lo que significa que cuando uno se encuentra frente a frente a alguien con ideas distintas de las propias, uno siempre es llevado a identificar a esa persona como enemigo (de su clase, de su sociedad, etcétera). Y sabemos que es necesario combatir al enemigo hasta triunfar sobre él. Este gran tema de la contienda ideológica, realmente me ha perturbado. En primer lugar, porque las coordenadas teóricas de cada uno de nosotros, con frecuencia, no, siempre, son confusas y fluctuantes, especialmente si son observadas desde su génesis.
Más aún, esta “lucha” que uno trata de sostener con el “enemigo”, ¿no podría ser simplemente una manera de hacer que una disputa trivial, sin mayor importancia, parezca más seria de lo que realmente es? A lo que me refiero es: ¿no intentan ciertos intelectuales ganar con su “lucha ideológica” mayor peso político que el que tienen? Un libro se consume rápido, ya se sabe. Un artículo, bueno… ¿Qué es más difícil: tomar parte en una lucha contra el “enemigo” o investigar, juntos o separadamente quizás, los problemas importantes que se plantean? Entonces, le digo: considero este “modelo de guerra” no sólo un poco ridículo, sino también bastante peligroso. Porque como uno dice o piensa “estoy peleando contra el enemigo”, si un día uno se encuentra en posición de superioridad, y en una situación de lucha real, frente al odiado “enemigo” ¿no se lo trataría como si así lo fuera?. La adopción de ese camino conduce directamente a la opresión, no importa quién lo tome: ése es el camino real. Yo comprendo lo placentero que puede ser para algunos intelectuales pretender ser tomados en serio por un partido o una sociedad, actuando en una “guerra” contra un adversario ideológico: pero eso es muy perturbador, más que nada, por lo que podría provocar. ¿No sería mucho mejor, en cambio, pensar que aquellos con los que se disiente posiblemente estén equivocados; o quizás, que no se ha entendido bien lo que intentaban decir?



lunes, 18 de diciembre de 2017

"El juicio original"; André Breton y Paul Éluard (trad. A. Pizarnik)

No leas. Mira las figuras blancas que dibujan los intervalos que separan a las palabras de muchas líneas de los libros, e inspírate en ellas.
Dale a los demás a guardar tu mano.
No te acuestes sobre las murallas.
Retoma la armadura que te has quitado a la edad de la razón.
Pon al orden en su lugar, desarregla las piedras del camino.
Forma tus ojos cerrándolos.
Dale a los sueños que has olvidado, el valor de lo que no conoces.
No prepares las palabras que gritas.
Róbale el sentido al sonido, hay tambores velados hasta en las vestiduras claras.
Habla según la locura que te ha seducido.
Lo que encuentras sólo te pertenece mientras tu mano está tendida.
Hazles la sorpresa de no confundir el futuro del verbo tener, con el pasado del verbo ser.
Al que pida ver el interior de tu mano, muéstrale los planetas no descubiertos en el cielo.
Abstente de lo que tienen la cabeza sobre los hombros.
Regula tu marcha con la de las tormentas.
Mira la flor de la enredadera: no deja oír.




jueves, 9 de noviembre de 2017

Giles Deleuze sobre la vejez

Uno ya no tiene... susceptibilidad, y además ya no se lleva ninguna decepción fundamental, vaya. Quiero decir que uno ya no... uno es mucho más desinteresado, cómo diría: uno quiere a la gente, de veras, por sí misma... Yo tengo la impresión, por ejemplo, de que la vejez afina la percepción: de las cosas que antes no habría visto, de las elegancias a las que no me había mostrado sensible –yo las veo mejor, porque miro a alguien por sí mismo, casi como si para mí se tratara de llevarme una imagen, un percepto, de extraer de él un percepto: todo eso hace de la vejez un arte. ¡Y los días pasan a tal velocidad! Con su escansión, el cansancio –pero el cansancio no es una enfermedad, es otra cosa. No es ni la muerte, ni la... es, una vez más, la señal del final de la jornada. Ahora bien, claro que hay angustias con la vejez, pero se trata de evitarlas, de conjurarlas. Es fácil conjurarlas, es un poco como con el coco: no hay que quedarse –o como con los vampiros, que por lo demás me encantan, como... no hay que quedarse solo por la noche, cuando empieza a hacer frío, porque uno es demasiado lento para salir del apuro. No, no hay que hacerlo, hay cosas que evitar, etc., pero... Y luego, lo maravilloso es que la gente te abandona, la sociedad te abandona, y eso, ser abandonado por la sociedad, es tal felicidad. Y no es que la sociedad me haya tenido muy enganchado, pero alguien que no tenga mi edad, o que no se haya jubilado, no puede figurarse la alegría que supone verse abandonado por la sociedad... Claro, cuando oigo a algunos viejos quejarse, bueno, son de aquellos que no soportan la jubilación, y desde luego no sé por qué: no tienen más que leer novelas, al menos descubrirán algo; no soportan, o... no creo en los jubilados que se... –salvo, tal vez, en el caso de los japoneses– que no pueden estar sin hacer algo. Quiero decir: es una maravilla, sí, te abandonan, y qué... o basta sacudirse un poco para que caigan todos los parásitos que has tenido en la chepa toda la vida. Caen: ¿y qué queda a tu alrededor? Tan sólo gente a la que quieres, sólo gente a la que quieres y que te soportan, que te quieren también cuando te hace falta: el resto te ha abandonado. Y aun así, cuando hablo, como yo, en ese momento, se hace muy duro cuando algo te alcanza. Yo no soporto, ya no tengo más que... ya no conozco la sociedad sino a través del recibo de la pensión todos los meses. Es algo –si no sé que soy un completo desconocido de la sociedad. Entonces, la catástrofe llega cuando hay alguien que cree sigo formando parte de ella, y que me pregunta... es algo completamente diferente, porque lo que estamos haciendo en este momento forma parte hasta tal punto de mi sueño de vejez... pero a quién me pide una entrevista, una conversación y todo eso, me dan ganas de decirle: «No, la cabeza ya no me funciona, ¿no estás al corriente de que soy viejo y de que la sociedad me ha abandonado?». Pero se está bien, te lo aseguro.