lunes, 30 de julio de 2018

"El poder del mito"; Joseph Campell

CAMPBELL: Los mitos inspiran la realización de la posibilidad de tu perfección, la plenitud de tu  fuerza y el aporte de luz solar en el mundo. Matar monstruos es matar las cosas oscuras. El mito te atrapa en tu interior. De niño, lo tomas en un sentido, como yo leyendo las historias indígenas. Después, el mito te dice más, y más, y más todavía. Creo que cualquiera que se haya ocupado seriamente de ideas míticas o religiosas te dirá que las aprendemos en la infancia en un nivel, pero luego se revelan muchos niveles diferentes. Los mitos son infinitos en su revelación.
MOYERS: ¿Cómo mato a ese dragón que hay en mí? ¿Cuál es el viaje que cada uno tiene que hacer, lo que tú llamas «la elevada aventura del alma»?
CAMPBELL: Mi fórmula general para mis estudiantes es: «Seguid el camino de vuestro corazón. Encontrad dónde está, y no temáis internaros allí»
MOYERS: ¿Es mi trabajo o mi vida? 
CAMPBELL: Si el trabajo que estás haciendo es el que elegiste hacer porque lo disfrutas, entonces es el trabajo. Pero si piensas: « ¡Oh, no! ¡No podría hacerlo!», es el dragón bloqueándote el paso. «No, no, yo no podría ser escritor» o «No, no, yo jamás podría hacer lo que hace Fulano».
MOYERS: En este sentido, a diferencia de héroes como Prometeo o Jesús, no partimos en nuestro viaje para salvar al mundo sino para salvarnos a nosotros mismos.
CAMPBELL: Pero al hacerlo, salvas al mundo. La influencia de una persona vital vitaliza, de eso no hay duda alguna. El mundo sin espíritu es un terreno baldío. La gente tiene la idea de que se puede salvar el mundo cambiando las cosas de lugar, cambiando las reglas, cambiando de lugar a los que mandan, y cosas así. ¡No, no! Cualquier mundo es válido si está vivo. Lo que hay que hacer es darle vida, y el único modo de hacerlo es hallar en tu propio caso dónde está la vida, y volverte vivo tú mismo.
MOYERS: Cuando emprendo ese viaje y bajo por mis caminos interiores y mato a esos dragones, ¿debo hacerlo solo?
CAMPBELL: Si tienes alguien que pueda ayudarte, está bien también. Pero en última instancia, la hazaña final tendrá que ser obra tuya. Psicológicamente, el dragón es la atadura que nos une a nuestro yo. Estamos presos en nuestra propia jaula de dragón. El problema del psiquiatra es desintegrar ese dragón, quebrarlo, de modo que puedas expandirte a un campo de relaciones más amplio. El dragón final está dentro de ti, es tu yo clavándote sus garras.




jueves, 26 de julio de 2018

"La poesía nunca es compromiso"; Leonore Kandel

La poesía nunca es compromiso. Es la manifestación/traducción de una mirada, de una iluminación, de una experiencia. Si uno compromete la mirada, se convierte en un profeta ciego.

Hoy no tiene sentido la poesía que existe principalmente como un ejercicio de destreza. El arte es valioso en la medida en que le sirve de partera radiante a la claridad, a la belleza, a las visiones: cuando se enamora de él mismo produce la masturbación de la palabra.


Los poemas que escribo tienen que ver con todos los aspectos de la criatura y de ese universo total a través del que se mueve. El objetivo es incrementar la conciencia. Puede ser la conciencia de la forma en que un pájaro rompe el cielo con su vuelo o la conciencia de la dificultad y la necesidad de confianza o la conciencia del deseo de conciencia y también del miedo de la conciencia. Esto se puede trabajar a través de la belleza o del impacto o de la risa pero la dirección es siempre hacia una vista más clara, tanto interior como exterior.


Esto exige sinceridad entre el poeta y el poema. Una sinceridad que a veces es gozosa y a veces dolorosa, para el poeta, para el lector, o para ambos. Dos poemas míos, que fueron publicados en un librito, tratan del amor físico y de la invocación, del reconocimiento y de la aceptación de la divinidad en el hombre a través del amor físico como vehículo. En otras palabras, se siente bien. Tan bien que uno puede salir del ego particular y compartir la gracia del universo. Esta afirmación simple y bastante autoevidente, ampliada y ejemplificada poéticamente, hizo surgir un fervor difícil de creer. Y gran parte del fervor lo causaba el uso poético de ciertas palabras de cuatro letras de origen anglosajón en lugar de su sustitución por eufemismos blandos.


Esto trae a colación la cuestión del lenguaje poético. Cualquier cosa que sea lenguaje es lenguaje poético y si la palabra que necesita el poeta no existe en el idioma que conoce, entonces le corresponde a él descubrirla. La única condición es que la palabra sea la palabra que demanda el poema y de eso, solo el poeta puede ser el juez.


Los eufemismos que se eligen por miedo son un pacto con la hipocresía y enseguida van a destruir el poema; y eventualmente, al poeta.


Cualquier forma de censura, sea mental, moral, emocional o física; sea de adentro hacia fuera o de afuera hacia dentro, es una barrera para la autoconciencia.

La poesía está viva porque es el vehículo de la visión y de la experiencia.

No necesariamente es cómoda.


No necesariamente es segura.



La poesía salió de las aulas a la calle y por eso provocó una corriente de polinización cruzada, muchos de los frutos se producen en los dos medios. La academia tendía a cultivar el miedo a la ofensa, por ej. eso que podía ofender a alguien. Muchas veces las visiones y el lenguaje, ambos, se disminuían y se silenciaban, y ocurría demasiado que el poema se volvía un vehículo para el ejercicio literario.


La poesía de la calle elude la trampa del miedo, pero muchas veces pierde la visión por una falta de claridad, por un descuido, por una falta del arte del oficio.


La poesía como poesía no necesita que la clasifiquen en ninguno de los casilleros anteriores ni en ningún otro. Existe. Y no puede existir acompañada de la censura.


Cuando un poeta censura su mirada, nunca más dice la verdad tal como la ve. Cuando censura el lenguaje del poema, no usa esas palabras que, para él, son las palabras perfectas para usar. Esta autoatrofia resulta en una limitación artificial impuesta sobre un arte cuya dirección está más allá de los límites de lo concebible.
No existen barreras para la poesía ni para la profecía, que por naturaleza son  rompe-barreras, estallidos de percepciones, líneas al infinito. Si un poeta miente acerca de su mirada, miente acerca de sí mismo y, en sí mismo; esto produce una barrera verdadera. Cuando, por escapar del miedo, un poeta usa otro lenguaje distinto del que es perfecto para el poema, se vuelve una persona miedosa y oportunista.
Cuando un agente externo asume la responsabilidad de intentar censurar la poesía, lo que está censurando es la aceptación de la verdad y el salto a la revelación.
Cuando una sociedad se vuelve temerosa de sus poetas, se tiene miedo a sí misma. Y una sociedad que se tiene miedo a sí misma encarna otra definición del infierno. Un poema que se escribe y se publica se pone a disposición de los que lo quieran leer. Para mí, esto implica una responsabilidad primaria de parte del poeta: decir la verdad tal como la ve. Que la diga de la manera más hermosa y más sorprendente que pueda; que encienda su propio sentido de la maravilla, que trabaje con la alquimia que está dentro del lenguaje, que es la forma y la existencia misma de la poesía.

Una buena parte de la audiencia de la poesía moderna es joven. Nos movemos en un mundo donde las polaridades y las posibilidades de la vida y la muerte existen como una conciencia constante. Una vez que el concepto y la disponibilidad del exceso se volvieron de público conocimiento, el aura de la posibilidad de la muerte cósmica se hizo visible. Ha habido épocas en que los jóvenes podían deslizarse suavemente en las vidas de sus mayores, en las que si querían ignorar los asuntos más profundos de la humanidad, de las relaciones del hombre con el hombre, se les hacía más fácil. Estos no son aquellos tiempos, y las elecciones de los jóvenes son profundas y difíciles. A los dieciocho, los chicos tienen que decidir si van a participar del pasatiempo nacional de la muerte. Pero un gran número de ellos son llamados a manifestar una forma de vida distinta, inclinada al placer, a la iluminación y a la preocupación mutua, en vez de aceptar el mundo de la guerra y la desesperación personal que la mayoría de sus adultos les ha venido ofreciendo.

Hay elecciones importantes que hacer y no hay evasión posible.

Los que leen poesía moderna lo hacen por placer, por intuición y a veces por consejo. Lo menos que pueden esperar es que el poeta que comparte su mirada y sus experiencias con ellos lo haga sin hipocresía. Comprometer a la poesía a través de la conveniencia es un pequeño asesinato del alma.




miércoles, 13 de junio de 2018

"Alicia a través del espejo"; Lewis Carroll

-Quiero decir que, ¿qué es un regalo de incumpleaños?
-Pues un regalo que se hace en un día que no es de cumpleaños, naturalmente.
Alicia se quedó considerando la idea un poco, pero al fin dijo: 
-Prefiero los regalos de cumpleanos.
-¡No sabes lo que estás diciendo! -gritó Humpty Dumpty. -A ver: ¿cuántos días tiene el año?
-Trescientos sesenta y cinco -respondió Alicia.
-¿Y cuántos días de cumpleaños tienes tú?
-Uno.
-Bueno, pues si le restas uno a esos trescientos sesenta y cinco días, ¿cuántos te quedan?
-Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.
Humpty Dumpty no parecía estar muy convencido de este cálculo. -Me gustaría ver eso por escrito -dijo.
Alicia no pudo menos de sonreir mientras sacaba su cuaderno de notas y escribia en él la operación aritmética en cuestión:

 365
 -1
 -----
 364

Humpty Dumpty tomó el cuaderno y lo consideró con atención. -Sí, me parece que está bien... -empezó a decir.
-Pero, ¡si lo está leyendo al revés! -interrumpió Alicia.
-¡Anda! Pues es verdad, ¿quién lo habría dicho? -admitió Humpty Dumpty con jovial ligereza mientras Alicia le daba la vuelta al cuaderno. -Ya decía yo que me parecía que tenía un aspecto algo rarillo. Pero en fin, como estaba diciendo, me parece que está bien hecha la resta... aunque, por supuesto no he tenido tiempo de examinarla debidamente... pero, en todo caso, lo que demuestra es que hay trescientos sesenta y cuatro días para recibir regalos de incumpleaños...
-Desde luego --asintió Alicia.
-¡Y sólo uno para regalos de cumpleaños! Ya ves. ¡Te has cubierto de gloria!
-No sé qué es lo que quiere decir con eso de la «gloria» -observó Alicia.
Humpty Dumpty sonrió despectivamente.
-Pues claro que no..., y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que «ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada».
-Pero «gloria» no significa «un argumento que deja bien aplastado» -objetó Alicia.
Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso -quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
-La cuestión -insistió Alicia -es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty -es saber quién es el que manda..., eso es todo.



martes, 20 de marzo de 2018

I - ching, Astrología y Tarot sobre la paciencia

Ser pacientes es ser como los brotes que tienen los árboles en primavera. De algún modo, esas hojas ya saben que van a terminar coloreando de amarillo a los charquitos de otoño. Y sin embargo, se las arreglan para pintar de esmeralda la planta baja del cielo.

Que el zorro no se moje la cola significa que plantó una semilla en algún lado del bosque. Y que no está todos los días moviendo la tierra con el hocico para ver si ya echó raíces. 

Que Neptuno esté en aspecto a Marte puede decir que no sabemos para dónde vamos, pero que vamos bien. Que podemos estar firmes y seguros en la incertidumbre de conocernos, porque acaso no hay aventura mas bella en la vida que esta. Es un saber sin saber, es pura acción consciente de la nada. 

Que haya salido La Papisa significa que necesito esperar tu respuesta y nuestra charla. Porque sé que no lo digo todo, y que vos cuando hablas sumas sentido y dirección a lo que digo.

Ser lentos y delicados no significa no esforzarse y caer en la monotonía del agobio y del "y buehhh". Es pedirle a cada momento lo que éste puede dar, y con eso sumar ladrillos para Wonderland.

Ser pacientes es entender que lo que el otro puede darnos es distinto de lo que a veces pedimos. No, que no estoy diciendo que sea mejor o peor, tan sólo distinto. Y acá hay un tesoro si lo sabemos desenterrar.




jueves, 8 de marzo de 2018

"Sé todos los cuentos"; León Felipe

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.



jueves, 1 de marzo de 2018

"Hay perros que mueren de la muerte de su amo"; Hugo Mujica

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo 

que no se agitan,
                     tiemblan. 

Y hay hombres 
en los que muere dios
como una gota de lacre 
sobre el pecho
          de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche. 

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
                   donde morir de carne, 

pero no llora como quien lo hace 
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.



jueves, 22 de febrero de 2018

"El yo minimalista y otras conversaciones"; Michel Foucault

Pero, a propósito de polémicas, ha expresado claramente que no le agrada y no aceptará ese tipo de discusiones en las que se “hace mímica de la guerra y una parodia de la justicia”. Podría explicarme más claramente cuál era el sentido al decirlo?

Lo que más me fastidia de las discusiones ideológicas es que uno, necesariamente, se deja arrastrar por el “modelo de guerra”.  Lo que significa que cuando uno se encuentra frente a frente a alguien con ideas distintas de las propias, uno siempre es llevado a identificar a esa persona como enemigo (de su clase, de su sociedad, etcétera). Y sabemos que es necesario combatir al enemigo hasta triunfar sobre él. Este gran tema de la contienda ideológica, realmente me ha perturbado. En primer lugar, porque las coordenadas teóricas de cada uno de nosotros, con frecuencia, no, siempre, son confusas y fluctuantes, especialmente si son observadas desde su génesis.
Más aún, esta “lucha” que uno trata de sostener con el “enemigo”, ¿no podría ser simplemente una manera de hacer que una disputa trivial, sin mayor importancia, parezca más seria de lo que realmente es? A lo que me refiero es: ¿no intentan ciertos intelectuales ganar con su “lucha ideológica” mayor peso político que el que tienen? Un libro se consume rápido, ya se sabe. Un artículo, bueno… ¿Qué es más difícil: tomar parte en una lucha contra el “enemigo” o investigar, juntos o separadamente quizás, los problemas importantes que se plantean? Entonces, le digo: considero este “modelo de guerra” no sólo un poco ridículo, sino también bastante peligroso. Porque como uno dice o piensa “estoy peleando contra el enemigo”, si un día uno se encuentra en posición de superioridad, y en una situación de lucha real, frente al odiado “enemigo” ¿no se lo trataría como si así lo fuera?. La adopción de ese camino conduce directamente a la opresión, no importa quién lo tome: ése es el camino real. Yo comprendo lo placentero que puede ser para algunos intelectuales pretender ser tomados en serio por un partido o una sociedad, actuando en una “guerra” contra un adversario ideológico: pero eso es muy perturbador, más que nada, por lo que podría provocar. ¿No sería mucho mejor, en cambio, pensar que aquellos con los que se disiente posiblemente estén equivocados; o quizás, que no se ha entendido bien lo que intentaban decir?