viernes, 31 de agosto de 2018

Keizan Jokin sobre la vacuidad

No busquemos ni esperemos nada.
Ni budas ni demonios que nos puedan sorprender.
No seamos inquietados ni atemorizados.
Contemplemos el monte, vivamos en el monte.
Contemplemos el arroyo, vivamos en el arroyo.
Queramos acostarnos y acostémonos.
Queramos levantarnos y levantémonos.
No amemos ni odiemos los sonidos.
No amemos ni odiemos las formas.
Como el reflejo de la luna en el agua.
Como un rostro en un espejo,
que sigue siendo luna,
que sigue siendo rostro,
el Dharma no se turba.
La palabra es como el croar de las ranas.
El silencio es como una columna.
Sin miedo del infierno ni deseo del paraíso,
abarquemos todo el cosmos.



martes, 14 de agosto de 2018

"Lo que nos gusta es otro de nuestros sentidos"; Luis Pescetti

En relación a la cantidad de veces que escuchamos
“No se puede hacer siempre lo que te gusta”, corregimos:
hacé siempre lo que te gusta.
No dejes de hacerlo cuando no salga como querés,
cuando lo que te gusta fracase o no tenga la respuesta esperada.
No dejes de buscarlo porque queda lejos
o parezca un gran desafío, o porque se pone difícil.
Hacé lo que te gusta y de la mejor manera posible, no chapuceramente.
Aprendé el oficio, sé un buen fan de lo que te gusta.
Hacelo y contagiá a los demás,
convencelos de lo que te gusta.
Trabajá de lo que te gusta; pero, si no es posible hoy, fijate qué podés hacer
para que hoy te guste hacerlo… no digamos todo el día
pero sí una buena media hora que irradie energía
al resto de la jornada
(por lo menos dedicale el día a quien te gusta).
Mientras, seguí puliendo lo que te gusta,
seguí entendiéndolo,
fiel, tenaz y amorosamente.
La naturaleza, o quién sea si creés en algo, nos dio eso, el gusto,
para guiarnos en lo infinito.
No es un capricho, es un mapa,
es otro de nuestros sentidos,
otra piel, otros oídos.
No lo traiciones, ni dejes que sea tu tirano,
como no idolatrás a tus ojos
ni te los tapás para salir a la calle.
Lo que te gusta es algo inquieto, se mueve,
no se lleva bien con las repeticiones, ni siquiera de sí mismo.
Agotá lo que te gusta y seguí adelante, si es el caso; pero
tampoco tengas miedo de quedar atado a alguien.
Permanecé,
sé fiel a quien te gusta.
El gusto es un pozo profundo.
Nos acostumbramos a que los titulares sean más grandes
a medida que crecen las ofertas,
pero esto es distinto: no va a levantar su voz evidente.
Sólo porque viaja como la luz de una estrella
en ocasiones de milagro la distinguimos
en medio de tantos brillos del mundo.
Lo que nos gusta
es la luminosidad de nuestras estrellas.
Sabremos guiarnos con ellas
hacia ellas.


lunes, 6 de agosto de 2018

"Y un día Nico se fue.."; Osvaldo Bazán

Durante años, cada noche, después de ver juntos la novela brasilera que seguíamos por la tele, poníamos un disco, yo corregía los ejercicios de literatura o preparaba alguna clase y él estudiaba. Tan unidos estuvimos que a veces, él corregía los ejercicios de mis alumnos y yo me entretenía con sus libros mientras tomábamos termos y termos de mate amargo hasta que uno de los dos levantaba la vista ya cansado de tanto leer y decía que bueno, que basta por hoy. Entonces quizás nos dábamos un beso y nos íbamos a acostar.
En los seis años de romance todas las noches que dormimos juntos, nos acostamos al mismo tiempo. Nunca se nos hubiera ocurrido que uno se fuera a dormir y el otro se quedara haciendo algo en el comedor.
No, no sé por qué, pero fue así.
Nos daban ganas de dejar todo e ir acostarnos juntos. Y hacer chistes sonsos en la cama hasta caer rendidos de sueño.
O ser el primero en pedir: “¿Me traés un vaso de soda rebajada con un poquito de agua?”.
Y después otro beso.
Y después jugar a escribir letras de canciones de Los Redonditos de Ricota. (Teníamos una, Yo morderé tu empanada turca, que nos hacía morir de risa.) Teníamos un juego que era el de buscar nombres para hipotéticas autobiografías. Yo me acosté con cada cosa era una buena. Nico quería que su autobiografía se llamase ¿Qué mirás, puto dé mierda? A mí el título me parecía vendedor solo que un poco fuerte para el mercado editorial del país.
Y un poco de sexo tranquilo y suave con la piel tersa y descansada.
Con los brazos rodeando los brazos y las piernas memorizándose, mientras la ciudad se mandaba a guardar para volver a ponerse en venta al día siguiente. Y quizás despertarse de madrugada y acurrucarse frente al cuerpo caliente del otro, la mejor comprobación de que no estabas solo.
De que eras algo para alguien. 
De que alguien en el mundo pensaba en vos. 
No, no es que esté triste. 
A mí Gustavo ya me lo explicó. 
Lo que pasa es que tengo problemas para enfrentar la realidad. 
La realidad es que ahora duermo solo. 
Y me aburro. 
Y no tengo con quién inventar canciones de los Redonditos ni autobiografías truchas. 
Pero sacando ese problema lo demás todo bien. Claro que todo lo demás me importa un carajo, pero eso lo estamos trabajando con Gustavo dos veces por semana. 
En serio, yo creo que no me falta mucho para el alta.



jueves, 2 de agosto de 2018

Zen a la luz de la luna

La experiencia de la iluminación ni quita ni pone nada a lo real existente.
Solo lo ilumina.
Un poema zen dice:


"Durante toda la noche
la sombra del ciprés
ha barrido el patio del templo
sin levantar una sola mota de polvo.
Gracias a la luz de la luna."






lunes, 30 de julio de 2018

"El poder del mito"; Joseph Campell

CAMPBELL: Los mitos inspiran la realización de la posibilidad de tu perfección, la plenitud de tu  fuerza y el aporte de luz solar en el mundo. Matar monstruos es matar las cosas oscuras. El mito te atrapa en tu interior. De niño, lo tomas en un sentido, como yo leyendo las historias indígenas. Después, el mito te dice más, y más, y más todavía. Creo que cualquiera que se haya ocupado seriamente de ideas míticas o religiosas te dirá que las aprendemos en la infancia en un nivel, pero luego se revelan muchos niveles diferentes. Los mitos son infinitos en su revelación.
MOYERS: ¿Cómo mato a ese dragón que hay en mí? ¿Cuál es el viaje que cada uno tiene que hacer, lo que tú llamas «la elevada aventura del alma»?
CAMPBELL: Mi fórmula general para mis estudiantes es: «Seguid el camino de vuestro corazón. Encontrad dónde está, y no temáis internaros allí»
MOYERS: ¿Es mi trabajo o mi vida? 
CAMPBELL: Si el trabajo que estás haciendo es el que elegiste hacer porque lo disfrutas, entonces es el trabajo. Pero si piensas: « ¡Oh, no! ¡No podría hacerlo!», es el dragón bloqueándote el paso. «No, no, yo no podría ser escritor» o «No, no, yo jamás podría hacer lo que hace Fulano».
MOYERS: En este sentido, a diferencia de héroes como Prometeo o Jesús, no partimos en nuestro viaje para salvar al mundo sino para salvarnos a nosotros mismos.
CAMPBELL: Pero al hacerlo, salvas al mundo. La influencia de una persona vital vitaliza, de eso no hay duda alguna. El mundo sin espíritu es un terreno baldío. La gente tiene la idea de que se puede salvar el mundo cambiando las cosas de lugar, cambiando las reglas, cambiando de lugar a los que mandan, y cosas así. ¡No, no! Cualquier mundo es válido si está vivo. Lo que hay que hacer es darle vida, y el único modo de hacerlo es hallar en tu propio caso dónde está la vida, y volverte vivo tú mismo.
MOYERS: Cuando emprendo ese viaje y bajo por mis caminos interiores y mato a esos dragones, ¿debo hacerlo solo?
CAMPBELL: Si tienes alguien que pueda ayudarte, está bien también. Pero en última instancia, la hazaña final tendrá que ser obra tuya. Psicológicamente, el dragón es la atadura que nos une a nuestro yo. Estamos presos en nuestra propia jaula de dragón. El problema del psiquiatra es desintegrar ese dragón, quebrarlo, de modo que puedas expandirte a un campo de relaciones más amplio. El dragón final está dentro de ti, es tu yo clavándote sus garras.




jueves, 26 de julio de 2018

"La poesía nunca es compromiso"; Leonore Kandel

La poesía nunca es compromiso. Es la manifestación/traducción de una mirada, de una iluminación, de una experiencia. Si uno compromete la mirada, se convierte en un profeta ciego.

Hoy no tiene sentido la poesía que existe principalmente como un ejercicio de destreza. El arte es valioso en la medida en que le sirve de partera radiante a la claridad, a la belleza, a las visiones: cuando se enamora de él mismo produce la masturbación de la palabra.


Los poemas que escribo tienen que ver con todos los aspectos de la criatura y de ese universo total a través del que se mueve. El objetivo es incrementar la conciencia. Puede ser la conciencia de la forma en que un pájaro rompe el cielo con su vuelo o la conciencia de la dificultad y la necesidad de confianza o la conciencia del deseo de conciencia y también del miedo de la conciencia. Esto se puede trabajar a través de la belleza o del impacto o de la risa pero la dirección es siempre hacia una vista más clara, tanto interior como exterior.


Esto exige sinceridad entre el poeta y el poema. Una sinceridad que a veces es gozosa y a veces dolorosa, para el poeta, para el lector, o para ambos. Dos poemas míos, que fueron publicados en un librito, tratan del amor físico y de la invocación, del reconocimiento y de la aceptación de la divinidad en el hombre a través del amor físico como vehículo. En otras palabras, se siente bien. Tan bien que uno puede salir del ego particular y compartir la gracia del universo. Esta afirmación simple y bastante autoevidente, ampliada y ejemplificada poéticamente, hizo surgir un fervor difícil de creer. Y gran parte del fervor lo causaba el uso poético de ciertas palabras de cuatro letras de origen anglosajón en lugar de su sustitución por eufemismos blandos.


Esto trae a colación la cuestión del lenguaje poético. Cualquier cosa que sea lenguaje es lenguaje poético y si la palabra que necesita el poeta no existe en el idioma que conoce, entonces le corresponde a él descubrirla. La única condición es que la palabra sea la palabra que demanda el poema y de eso, solo el poeta puede ser el juez.


Los eufemismos que se eligen por miedo son un pacto con la hipocresía y enseguida van a destruir el poema; y eventualmente, al poeta.


Cualquier forma de censura, sea mental, moral, emocional o física; sea de adentro hacia fuera o de afuera hacia dentro, es una barrera para la autoconciencia.

La poesía está viva porque es el vehículo de la visión y de la experiencia.

No necesariamente es cómoda.


No necesariamente es segura.



La poesía salió de las aulas a la calle y por eso provocó una corriente de polinización cruzada, muchos de los frutos se producen en los dos medios. La academia tendía a cultivar el miedo a la ofensa, por ej. eso que podía ofender a alguien. Muchas veces las visiones y el lenguaje, ambos, se disminuían y se silenciaban, y ocurría demasiado que el poema se volvía un vehículo para el ejercicio literario.


La poesía de la calle elude la trampa del miedo, pero muchas veces pierde la visión por una falta de claridad, por un descuido, por una falta del arte del oficio.


La poesía como poesía no necesita que la clasifiquen en ninguno de los casilleros anteriores ni en ningún otro. Existe. Y no puede existir acompañada de la censura.


Cuando un poeta censura su mirada, nunca más dice la verdad tal como la ve. Cuando censura el lenguaje del poema, no usa esas palabras que, para él, son las palabras perfectas para usar. Esta autoatrofia resulta en una limitación artificial impuesta sobre un arte cuya dirección está más allá de los límites de lo concebible.
No existen barreras para la poesía ni para la profecía, que por naturaleza son  rompe-barreras, estallidos de percepciones, líneas al infinito. Si un poeta miente acerca de su mirada, miente acerca de sí mismo y, en sí mismo; esto produce una barrera verdadera. Cuando, por escapar del miedo, un poeta usa otro lenguaje distinto del que es perfecto para el poema, se vuelve una persona miedosa y oportunista.
Cuando un agente externo asume la responsabilidad de intentar censurar la poesía, lo que está censurando es la aceptación de la verdad y el salto a la revelación.
Cuando una sociedad se vuelve temerosa de sus poetas, se tiene miedo a sí misma. Y una sociedad que se tiene miedo a sí misma encarna otra definición del infierno. Un poema que se escribe y se publica se pone a disposición de los que lo quieran leer. Para mí, esto implica una responsabilidad primaria de parte del poeta: decir la verdad tal como la ve. Que la diga de la manera más hermosa y más sorprendente que pueda; que encienda su propio sentido de la maravilla, que trabaje con la alquimia que está dentro del lenguaje, que es la forma y la existencia misma de la poesía.

Una buena parte de la audiencia de la poesía moderna es joven. Nos movemos en un mundo donde las polaridades y las posibilidades de la vida y la muerte existen como una conciencia constante. Una vez que el concepto y la disponibilidad del exceso se volvieron de público conocimiento, el aura de la posibilidad de la muerte cósmica se hizo visible. Ha habido épocas en que los jóvenes podían deslizarse suavemente en las vidas de sus mayores, en las que si querían ignorar los asuntos más profundos de la humanidad, de las relaciones del hombre con el hombre, se les hacía más fácil. Estos no son aquellos tiempos, y las elecciones de los jóvenes son profundas y difíciles. A los dieciocho, los chicos tienen que decidir si van a participar del pasatiempo nacional de la muerte. Pero un gran número de ellos son llamados a manifestar una forma de vida distinta, inclinada al placer, a la iluminación y a la preocupación mutua, en vez de aceptar el mundo de la guerra y la desesperación personal que la mayoría de sus adultos les ha venido ofreciendo.

Hay elecciones importantes que hacer y no hay evasión posible.

Los que leen poesía moderna lo hacen por placer, por intuición y a veces por consejo. Lo menos que pueden esperar es que el poeta que comparte su mirada y sus experiencias con ellos lo haga sin hipocresía. Comprometer a la poesía a través de la conveniencia es un pequeño asesinato del alma.




miércoles, 13 de junio de 2018

"Alicia a través del espejo"; Lewis Carroll

-Quiero decir que, ¿qué es un regalo de incumpleaños?
-Pues un regalo que se hace en un día que no es de cumpleaños, naturalmente.
Alicia se quedó considerando la idea un poco, pero al fin dijo: 
-Prefiero los regalos de cumpleanos.
-¡No sabes lo que estás diciendo! -gritó Humpty Dumpty. -A ver: ¿cuántos días tiene el año?
-Trescientos sesenta y cinco -respondió Alicia.
-¿Y cuántos días de cumpleaños tienes tú?
-Uno.
-Bueno, pues si le restas uno a esos trescientos sesenta y cinco días, ¿cuántos te quedan?
-Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.
Humpty Dumpty no parecía estar muy convencido de este cálculo. -Me gustaría ver eso por escrito -dijo.
Alicia no pudo menos de sonreir mientras sacaba su cuaderno de notas y escribia en él la operación aritmética en cuestión:

 365
 -1
 -----
 364

Humpty Dumpty tomó el cuaderno y lo consideró con atención. -Sí, me parece que está bien... -empezó a decir.
-Pero, ¡si lo está leyendo al revés! -interrumpió Alicia.
-¡Anda! Pues es verdad, ¿quién lo habría dicho? -admitió Humpty Dumpty con jovial ligereza mientras Alicia le daba la vuelta al cuaderno. -Ya decía yo que me parecía que tenía un aspecto algo rarillo. Pero en fin, como estaba diciendo, me parece que está bien hecha la resta... aunque, por supuesto no he tenido tiempo de examinarla debidamente... pero, en todo caso, lo que demuestra es que hay trescientos sesenta y cuatro días para recibir regalos de incumpleaños...
-Desde luego --asintió Alicia.
-¡Y sólo uno para regalos de cumpleaños! Ya ves. ¡Te has cubierto de gloria!
-No sé qué es lo que quiere decir con eso de la «gloria» -observó Alicia.
Humpty Dumpty sonrió despectivamente.
-Pues claro que no..., y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que «ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada».
-Pero «gloria» no significa «un argumento que deja bien aplastado» -objetó Alicia.
Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso -quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.
-La cuestión -insistió Alicia -es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty -es saber quién es el que manda..., eso es todo.